El Correo Gallego

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RESEÑA MUSICAL

RAMÓN G. BALADO

Mozart:”Misa en Do m. (La Grande) K.427a”, dirigida por Richard Egarr

18.05.2018 
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La “Misa en Do m. (La Grande)”, en interpretación de la “OSG”, contando con su propio Coro, bajo la dirección de Richard Egarr, en el Palacio de la Ópera de A Coruña-20´30 h.-, con una segunda sesión para mañana a partir de las ocho de la tarde. Destacan como solistas las sopranos Elisabeth y Kate Royal, el tenor Andrew Tortise y el bajo-barítono Andrew Foster. El director Richard Egarr, se formó en la “Chetham´s School of Music” de Manchester, especializándose en órgano en el “Clare College Cambridge”, antes de ampliar en la “Guildhall School of Music & Drama”. Siguió la escuela de Gustav Leonhardt y a partir de 2006, tomó la plaza de Christopher Hogwood, como director en la “Academia de Música Antigua”. Ejerce la titularidad de la “AC. Begijnhof”, de Amsterdam y en el Glyndebourne, en 2007, dirigió en versión escenificada “La Pasión según San Mateo” de J.S.Bach. Su repertorio es amplio, desde el Bach de la “Misa en Si m.”, al Haydn de sus principales oratorios o los de Haendel-“”Acis & Galatea”, “Esther” y óperas como “Alcina”-, para continuar con barrocos como Frescobadi, O.Gibbons, Couperin, Purcell o Froberger.

”La Misa Grande, en Do m. K. 427 a” nos traslada a Viena, ciudad en la que no prestará una atención excesiva al género sacro, y seguramente, no encontraría en la capital austríaca el clima de interés propicio para su aceptación, como había tenido en Salzburgo. José II compartía los deseos del ilustrado Colloredo, de conseguir una música sacra inspirada en la razón, mostrando simpatía por ls “Gravamina” de Coblenza (1769) y la “Nuntiatur” de Munich (1785), que pretendían instaurar una regulación de la música sacra a pesar de la oposición papal. Es significativo que Haydn no compusiera misas entre 1782 y 1796, año en que comenzaron suprimirse gradualmente las restricciones impuestas por el josefismo.

No es por tanto sorprendente que Mozart escribiera solo otras dos misas durante los diez últimos años de su vida: “La Misa en Do m.” y el “Requiem”, que pueden se consideradas como de circunstancias y que quedaron inacabadas. “La Misa en Do m. K.427” fue compuesta, al parecer, como acción de gracias por su matrimonio con Konstanza Weber, según él mismo revela en una carta del 4 de enero de 1783, en la cual explica cómo la obra permanece inacabada sobre su escritorio. El “Kyrie” y el “Gloria” están completos, pero el “Credo” se interrumpe tras el “Et Incarnatus”, del que se han perdido las partes para cuerdas, necesitadas de reconstitución para su publicación. Mozart, por lo visto, completó el “Santus” y el “Benedictus”, pero la copia conservada está deteriorada y no permite ver claramente sus intenciones.

H.C.Robbins Landon, ha demostrado que el “Santus” fue escrito originariamente para coro doble y no para los coros a cuatro y cinco voces de la versión original conservada. No existe “Agnus Dei”. A pesar de su estado incompleto, el 26 de octubre de 1783, se interpretó en la Iglesia de San Pedro de Salzburgo, una versión de la obra, dirigida por el autor, contando con la participación de Konstanza, para quien, con seguridad, se escribieron arias ornamentales para su voz. La obra, una “·Missa Solemnis”, de mayor envergadura que la mayoría de las acostumbradas misas salzburguesas, entra en la tradición de la “Misa de cantata”, en la que varias secciones del texto se tratan aparte, como movimientos separados, en vez de hacer que formen un todo musical.

Aunque se trata de una obra incomparablemente mayor que las primeras misas salzburguesas, se la criticó a veces por su falta de cohesión estilística. El interés de Mozart por el estilo antiguo o “docto”, alimentado por las reuniones en la mansión del barón Gottfried van Switten, reconocido masón y hombre culturalmente ambicioso, sesiones a las que asistía cotidianamente, se muestra en la utilización de texturas arcaicas de continuo en algunos movimientos para solista, así como en la música para coro doble y la instrumentación seudohaendeliana al inicio del “Credo”. Sin embargo, no hay nada de fugado de “stilo antico” que vaya más allá de la estricta disciplina contrapuntística que ya dominaba en Salzburgo. La “Misa en Do m.”, despliega varias arias floridas, lo que nos aproxima a una evidente influencia italiana. Una de ellas es el “Et Incarnatus”, en la que la soprano despliega una exuberancia ostentosamente barroca, en diálogo con la orquesta.