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Miércoles 05.11.2008      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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JAIME BARREIRO GIL EX DECANO DE ECONÓMICAS USC

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Muere Daimiel: morimos todos

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B ien, muchachos: ya empiezan a llegar los resultados más dramáticos de nuestros comportamientos dañinos con respecto a la Naturaleza. Habréis visto en la información de estos días que bajo las Tablas de Daimiel arde la turba. La prolongada sequía, pero sobre todo la explotación descontrolada de los acuíferos que las alimentaban, han provocado el inicio de la autocombustión de esos residuos vegetales depositados, a lo largo de centenares de años.

Y una vez iniciado el proceso son extraordinarias las dificultades para detenerlo. Se necesitaría provocar una enorme y prácticamente repentina inundación de la zona, como si fuese para recuperar íntegramente el humedal. En un minuto. Pero eso es imposible. Sintiendo como dagas cada una de las palabras que pronuncio, me atrevo a decir que Daimiel ha muerto. No sé cómo quedará definitivamente el paisaje después de la catástrofe, pero probablemente se parezca mucho a los desiertos almerienses. Una vez que la turba se vaya consumiendo, se irán produciendo derrumbamientos. Asomarán entre los huecos tierras definitivamente secas. Y entonces ya no valdrá de nada ir por cada uno de esos desalmados que han ido abriendo pozos ilegales. Malditas sean para siempre los frutos de sus cosechas, igual que será para siempre la herencia desértica que ellos nos dejan. ¡Otra vez la avaricia!

Tendrá que secarse del todo el Guadiana, o que empiecen de verdad los problemas graves de abasto de agua a las poblaciones, para que aceptemos que no se puede practicar la agricultura en cualquier parte, de cualquier manera y sin medir los efectos ecológicos de la explotación de la tierra. Tampoco se puede extender la urbanización sin límite ni cautela. Que la Tierra no es un pozo sin fondo. Al contrario: sus riquezas, de las que dependemos para sobrevivir todos los hombres, son finitas, incluso escasas.

Y vosotros, queridos vecinos de más cerca, no os consoléis pensando que, total, eso está allá, lejos. Que aquí estamos a salvo de esas consecuencias de la estupidez humana. No es verdad. Las aguas de nuestras fuentes, ríos y rías están igual de amenazadas o ya dañadas. Probablemente sea ese el problema ambiental más grave de Galicia. Tampoco, pues, somos inocentes de esta barbarie.

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