El Correo Gallego

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RESEÑA MUSICAL

RAMÓN G. BALADO

Música no tempo de “La casa de la Troya”

14.07.2018 
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Motivo para la presentación de un trabajo en forma de cd, que se servirá en caliente y en vivo en el “Teatro Principal”- 20´30.-, después de su presentación el jueves en el “Museo de la Casa de la Troya”, con la nostalgia que nos traslada al retrato en sepia costumbrista de “La casa de la Troya” de Pérez Lugín en un trabajo colectivo, que en un musical, defienden “Troyanos de Compostela”, con la supervisión artística de Fernando Reyes Ferrón. Su nombre, indefectiblemente, se asocia al grupo “Resonet”, preferentemente dedicado a las músicas antiguas y del Medievo, pero con otras aproximaciones a la poética de Rosalía de Castro o a los “Tonos de amor” de José Marín, contando siempre con la colaboración de instrumentistas cualificados. Cambio de aires pues, para Fernando Reyes, comprometido en esta travesía por la tentadora sugerencia de Benigno Amor Rodríguez. Se trataba de empaparse de los detalles y motivos musicales que destila la novela de Pérez Lugín, que tantos despistes y contrastes continúa arrastrando desde tiempo inmemorial.

De bruces, el encuentro con la “Tuna Compostelana” en sus ancestros. Los cantos y bailables que Pérez Lugín registra y que contribuyen a transformar a las personas que las escuchan, condicionando sus vivencias. Los personajes que dan entidad al relato: Gerardo, Carmiña y Barcala y el tufillo trasvasado desde los madriles, por sus teatros castizos, a través de los cuplés, salones y cafés. Atina el autor rompiendo la secular separación entre las músicas cultas y las populares. Así, para el cd. Se retoman canciones citadas en el relato, que van desde Adalid a Montes, Chané, Pepe Curros, y “Coimbra”, por recuerdo de las primeras correrías portuguesas, esta vez en manos de “Troyanos de Compostela”, con concesiones de la soprano Mercedes Hernández, en dos piezas.

La “Estudiantina” de “La casa de la Troya”, tan diferente a las de la posteridad, lucía por la variedad de instrumentos y calidades interpretativas. Grupo de cantantes, varias flautas traveseras, violines, violas y hasta contrabajo, además de los habituales de hoy: bandurrias, laúdes o guitarras. Benigno Amor Barreiro, trae a colación a Pérez Lugín en “La Corredoira y la rúa”: “O seu propósito foi pintar o ambiente da Compostela que el coñeceu nos seus anos de estudante universitario”. Lugín puntualizará: “Cando eu estaba escribiendo este libro e alguén me preguntaba polo que facía, contestáballe estou escribindo, ou quero escribir, unha novela de coro e de fondo”. Ligada nun principio ás troulas dos estudantes durante o tempo do Antroido, a “Tuna” adquirirá en Santiago carácter estable cara a 1876. Sen ser un órgano formal da Universidade, paseniñamente foi ocupando unha importante posición intermedia entre ésta e a sociedade. Daba serenatas, concertos, representaban entremeses e saía de xira.

Alejandro Barreiro, pinta con trazo ingenioso la figura del tuno en “La ruta de la Casa de la Troya”: “Ladeados os tricornios, rizadas golas de encaixe, garbosamente terzadas as capas, flotado ao vento as rechamantes moñas, e cintas de seda, encarnadas, amárelas, moradas e azuis, distintivo das Facultades, os tunos avanzan gallardos”. Una primera visita a Portugal, recibirá entusiasta despedida precisamente en el “Teatro Principal”, de la que quedará memoria en la “Revista Ilustrada de Portugal” y en el noticiero compostelano “Café con gotas”. Estamos a comienzos de 1888.

“Troyanos de Compostela”, se cuajará en un encuentro en el “Centro Cívico do Romaño”, que culminarán doce jornadas completas. En 1993, el “Troyano” y mecenas Benigno Amor Rodríguez, les convocará como actores para un documental y, pasados los años, en los “Encontros Troyanos” de 2013, darán vida a una concelebración que se reafirmará con una sesión en el “Auditorio de Abanca” de 2015, como continuidad de una previa de 2002, en el “Teatro Principal”

Fundamental había sido la inauguración en febrero de 1993, del “Museo de la Casa de la Troya”, tras otra sesión lejana en el tiempo, concretamente en 1979, que hizo posible la creación de la “Asociación de Antiguos Tunos Compostelanos” y del “Patronato da casa de la Troya” y el museo romántico de la casa en la “Rúa da Troya 5”, en donde se ubicaba la histórica pensión de “Doña Generosa”. Entre avatares diversos, en 2013, y relacionado con el Museo, el grupo de pulso y púa de la “Asociación de Antiguos Tunos Compostelanos, “Troyanos de Compostela”, dirigido por Fernando Reyes, promoverá, investigará y divulgará las músicas para instrumentos de cuerda pulsada, que tocaban las tunas de Santiago, a finales del XIX y comienzos del XX, recordando al mismo tiempo la importancia de compositores como Chané, José Gómez, Canuto Berea, Veiga ”Curros” o Marcial del Adalid, antes de hacer su presentación en el “Auditorio Abanca” el 7 de noviembre de 2015. Dentro del programa “II Encontros Troyanos en Compostela”.

El cd se presenta con una cuidada selección gráfica y algunas páginas elegidas de “La Casa de la Troya”, en las que los motivos musicales resultan necesariamente propicios. Del capítulo V, la que nos describe un paisanaje en perfecta sintonía: “El diminuto Neniño, armadanzas de esta función, dirigía la orquesta, sirviéndose de batuta una flauta, que tan pronto tocaba como blandía marcando el compás. Manolito Gómez, Julio Quiroga, Javier Flama y un rapaz de fuera de casa, Álvaro Soto, tocaban el violín; Luís Boullosa, Paulino Lago, tañían unas bandurrias, y Barcala, Augusto Casás, Marcelino Bahamonde, y Benigno Boquijón, Robus Faginas, Madriñán y Alejandro Barreiro, de la posada “La Vizcaína”, hacían el bajo con sus guitarras, sentados casi todos en la larga mesa que, para hacer sitio, habían arrimado a la pared. Pepe Nieto y Samoeiro, eran los flautistas. Otros rapaces, formaban un afinado coro, al que mezclaban sus voces algunos tañedores…”

Del mismo capítulo, otra cita descriptiva: “…la de Castro, que fue, dócil y amable, diciendo con su voz pastosa, dulce y bien timbrada una porción de lindas canciones gallegas, que Gerardo escuchó con agrado creciente, para acabar entusiasmándose con la delicadez y ternura de aquella música encantadora. Sentidas músicas que lloraban la ausencia, las suaves alboradas, alegres muiñeiras y una colección de melancólicos o picarescos “alalás” que el madrileño no se casaba de oir…¡Adorable música! ¿Qué lira celestial podrá cantarte? “A música no tempo de “La Casa de la Troya”, en la que Fernando Reyes, ve al grupo que interpreta en condición de posibles destinatarios, lo que podrá ser la última generación que heredó muchas de las líneas trazadas en la época de su esplendor.