Lunes 22.12.2008
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No sirve cualquiera para la labor callada de escritor a la sombra del prócer, o sea, para ser un negro literario, porque es un trabajo desagradecido. Ya la sabiduría popular refleja en el refrán "unos cardan la lana y otros llevan la fama" esa dura realidad. Uno de los personajes más mediáticos de la actualidad, la modelo y actriz Kate Moss, comentó que quería escribir una novela sobre una top-model, pero de temática ficticia, como hicieron algunas compañeras, recurriendo a los servicios de un autor en la sombra.
No solo las modelos, muchos tipos de perfil humano tienen negro literario. Es una forma ingrata de ganarse la vida, renunciando a uno mismo. La persona que ejerza de autor en sombra ha de poseer una coraza en el alma para soportar que el prójimo se apropie de sus sudores, y necesita capacidad de adaptación al pensamiento del otro, siendo sus expresiones adecuadas a aquel que va a pronunciar el discurso o firmar el texto. Si a un sujeto es público que la ecología no le interesa, no se puede poner en su boca: "Es una lástima que el amor a la Naturaleza no esté más arraigado". Si no hay coherencia peligra la credibilidad, y el negro tiene que realzar la figura para quién trabaja y tras la que él desaparece. Ingrato sino, ¡ay!

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