No creo que a ZP le hagan mucha gracia las declaraciones de Sarkozy acerca de la ayuda que le pidió para expulsar a los inmigrantes en situación irregular. Surgió de carambola el tema, y no estaban precisamente jugando al billar, sino hablando de Carla Bruni, por la que Nicolas bebe los vientos. Los españoles nos enteramos de cuestiones importantes cuando nuestros presidentes de Gobierno, sean del signo que sean, andan de gira por el extranjero o se ponen tiernos, y es que el vino y los sentimientos desatan la lengua. No falla. Es una situación inmigratoria bastante confusa la que estamos viviendo, pues primero hubo lo que se conoció y se conoce en España como efecto llamada, estrategia electoral más que nada, que trajo a nuestro país a millones de extranjeros en busca de un futuro mejor, y ahora sería expulsión colectiva, aunque lo intenten disimular con frases dulcificadas, por ejemplo, repatriaciones conjuntas, que es lo mismo, pero dicho de manera más amable. Se les ha ido de las manos el fenómeno inmigratorio porque estuvo mal planteado desde el primer momento y ahora no saben cómo deshacerse de él. Todo esto me recuerda una figura que apunta a la luna y luego se queda mirando para el dedo. ¡Qué cosas!