Lunes 22.12.2008
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EN diversas ocasiones he mencionado cuánto se puede aprender de quienes -en la página web de este periódico- comentan los artículos de quienes colaboramos asiduamente en EL CORREO GALLEGO. Unas veces se muestran de acuerdo, otras, en desacuerdo, y otras -cosa que me maravilla- se pelean dialécticamente entre ellos.
Alguien que firma con el seudónimo de Nero apostilla mis reflexiones sobre la necesidad de los periodistas como pieza clave en toda democracia, con frases que hacen pensar, una vez más, en el sentido común de nuestro pueblo, el español. Dice Nero, de acuerdo con que la profesión es necesaria, que "cosa distinta son esos otros supuestos periodistas metidos a políticos o al servicio de ellos, que se encargan de crear historias falsas...".
El ciudadano de hoy, como el de antes, distingue muy bien -cosa que no todos los periodistas hacen- entre la información y la opinión fundamentada en hechos ciertos, no inventados, y también advierte cuándo se le suministra información y cuándo, aunque se la quiera enmascarar de tal, lo que se lo ofrece es propaganda política o publicidad encubierta.
Nero llega a una conclusión muy radical: en los casos citados, no se trata de periodistas, no pueden ser llamados profesionales del periodismo. Y es verdad que la deontología propia de la profesión de periodista señala como primer deber el de buscar y relatar la verdad. Cela decía que el periodista ha de contar lo que pasó como pasó y no como le gustaría que hubiera pasado.
La profesión, como otras muchas en estos duros momentos de crisis económica, financiera y de valores, pasa por una etapa difícil. Pero eso no justifica el abandono de sanos y socialmente útiles principios que siempre la han caracterizado.
Catedrático de Periodismo

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