Martes 17.06.2008
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Todos los veranos, coincidiendo con la estancia en el balneario de Carballiño, tocaba excursión a Oseira. Al hilo de las explicaciones del monje, a mis ojos infantiles, demasiado dicharachero para su oficio, iba desgranándose todo el patrimonio monumental del monasterio. Mezcla de gótico y barroco en la iglesia, en la Escalera de los Obispos y en el patio de los Pináculos. Y la gran Escalera de Honor, que, al admirarla, una asidua madrileña de muy mal color repetía a voces: ¡qué magnífico escenario para unos juegos florales! Para mí que la escalera, los juegos y la señora olían a naftalina y sólo me animaba cuando el fraile daba un salto y se situaba en una cornisa, invitando a los valientes a seguirle, cosa que mi padre y cuatro más inconscientes hacían, volando sobre el abismo. Admiraba entonces aquellas exhibiciones, sin acabar de casarlas con la cura de aguas. O quizá sería por eso mismo, así que en los últimos años me decidí a probar aquel líquido elemento, con sabor sulfuroso y, ¡cómo no!, a saltar con el monje, mi padre y compañía, desafiando el vértigo y entrando, sin saberlo, en la adolescencia.
Las cosas cambiaron en Oseira; se reconstruyó y la comunidad cisterciense ganó el Premio Europa Nostra. Se acabó la célebre cornisa, supongo que la señora floral, por desgracia mi padre ya no está y mi juventud tampoco. No volví al balneario, que ya será un spa. Pero Oseira parece que ha vivido una cierta decadencia. O eso se lee en los diarios. Mas llegó un soplo de aire fresco de Venta de Baños, ¡quién lo iba a decir! Y en forma de abad o prior, que los periodistas modernos andan flojos en esta jerarquía. Entrenado como está en la liturgia de las horas, tocó a rebato y anunció la buena nueva: hay que resucitar el eucaliptine!
La fórmula secreta del brebaje, traída de la trapa de Tre Fontane, fue cayendo en desuso. Ni en locales de ocio ni en ningún botellón nadie reclamó pócimas de eucaliptine, ni de garrafón.
El monje Godofredo está ya presto para empezar. Conoce muy bien el excipiente en el que radica el arcano. Quizá el superior debería buscar alguna línea de ayuda a la innovación y financiar un buen equipo de marketing. Luego, dejar para casa la versión anticatarral y lanzar al mercado un licor para combinados. Lo hace Adriá y se lo rifan.

¿Deixádeme ser libre? Sí, pero...
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