El Correo Gallego

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POLÍTICAS DE BABEL

JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

La OTAN de los valores

14.07.2018 
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LA cumbre de la OTAN celebrada en Bruselas esta semana debe servir para repensar las funciones y el simbolismo de una organización intergubernamental que no sólo ha de mirar por el modo de aumentar la presencia militar en los territorios estratégicos que conforman la Alianza, como se decidió en Varsovia, o có- mo lograr una asistencia y un refuerzo de las tropas desplazadas y desplegadas en dichos enclaves, como se ha tratado de analizar estos días pasados, sino incluso el modo de hacerle ver a los distintos socios que la integran, que la paz, la defensa y la seguridad, más allá de su componente geoestratégico incuestionable, constituyen valores éticos y políticos que repercuten directamente en el ser humano y en la sociedad en la que se integra.

Como valores universales, habrán de ser compartidos y reconocidos por todos los gobiernos implicados. Hablamos de los 29 estados miembros de la OTAN, pero también de los países denominados globales y de aquellos otros comprometidos con la Alianza a través del Diálogo Mediterráneo, la Asociación para la Paz, o la Iniciativa de Cooperación de Estambul.

Esta propuesta basada en valores compartidos redundaría muy positivamente en la asunción de que la tarea de defensa y seguridad debe ser global, al igual que ya son globales también las peligrosas amenazas que se ciernen sobre todos, como el nuevo terrorismo, el auge del integrismo, el ciberterrorismo, o los renovados métodos de espionaje y manipulación política, cibernética, empresarial y hasta militar.

Quizá así aquellos que ven la OTAN como un proyecto puramente militar rebajarían sus recelos hacia la Organización, del mismo modo que también revisarían sus presiones de contribución financiera quienes pretenden juzgar el papel y el compromiso con la Alianza exclusivamente desde parámetros monetarios y económicos. Asimismo, los Gobiernos que se resisten a asumir un mayor esfuerzo inversor quizá llegasen a repensar una actitud inmovilista que puede ser muy peligrosa si con ello sólo se consigue contribuir a un mayor distanciamiento, por ejemplo, entre ambos lados del Atlántico.

La colaboración entre Estados Unidos y la Unión Europea debe edificarse sobre valores, más que sobre objetivos puramente económicos. De este modo, la Defensa no será entendida exclusivamente en términos militares, sino también desde la amenaza que para todos supone perder los valores humanos, democráticos, de libertades y de derechos que nos definen por igual.

Es así cómo la OTAN del siglo XXI podría llegar a constituir una oportunidad no sólo estratégica, sino también ética. Y es así también cómo la cooperación con la Organización se juzgaría desde parámetros no sólo cuantitativos, sino también cualitativos.

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