Domingo 16.11.2008
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La implantación del Espacio Europeo de Educación Superior en España, ya saben, eso que llamamos el Plan Bolonia, está siendo un verdadero desastre. Y, lo cierto, es que la cosa no pintaba mal cuando comenzaron a gestarse los decretos de grado y postgrado, columna vertebral de la nueva universidad, siendo ministra de Educación Pilar del Castillo.
Ambos textos contaban con un amplio consenso de las universidades y llegaron incluso a pasar el preceptivo informe del Consejo de Estado.
Pero en esto llegó ZP y mandó parar. Anduvo un año y pico mareando la perdiz para que no se dijese que presentaba los decretos que había preparado el PP y, cuando por fin se decidió a hacerlo, comprobamos que eran prácticamente idénticos.
Para colmo de males, el Ministerio de Educación cambió innumerables veces de titular y, con cada cambio ministerial, nacieron normativas con la sana intención de aclarar los decretos que nos complicaron la vida. Por último, en un alarde de imaginación, ZP decidió que las universidades no eran competencia de Educación sino de Industria. ¡Sí, señor!
Hace unos días supimos que la universidad vuelve al Ministerio de Educación y Ciencia, donde siempre debió estar, y que dirigirá sus destinos el filósofo y amigo Ángel Gabilondo. He coincidido con él en numerosas reuniones de filosofía y también de gestión universitaria y sé que con él llega una nueva oportunidad para Bolonia. ¡Si le deja la crisis!

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