Domingo 16.11.2008
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Todo medio de difusión, todo dirigente político, se considera una especie de Dios del Sinaí y formula su particular decálogo contra la corrupción. Ahora le ha tocado al señor Rajoy en el discurso pronunciado en la reunión intermunicipal de su partido, celebrada en Sevilla. Del acto y del decálogo da cuenta El Mundo el día 22 de noviembre en su página ocho. Todo esto está muy bien y ojalá fructifiquen todas las ideas para evitar el mal que corroe a muchas de las sociedades modernas. Pero -y quizás aquí juegue la "barbarie del especialista"- detecto en este caso una ignorancia absoluta del mundo local.
No hay español que no entienda de arquitectura, de Medicina o Derecho y mucho menos de fútbol: cada español es un entrenador y tiene fórmulas mágicas para que triunfe su equipo. Pero cuando oímos sus opiniones en cuanto a la Administración Local se nos rompen los esquemas. Y es curioso detectar esto, ya que la Administración más próxima al ciudadano es la local, y la calidad de vida de todos depende, en buena medida, del buen funcionamiento de los servicios municipales. Pero lo más curioso de esta situación es que la ignorancia se extiende a una buena parte de los políticos que desempeñan sus funciones en el mundo local. Una buena parte de alcaldes y concejales ignoran todo lo que se refiere a la organización y funcionamiento de las corporaciones.
Escribo todo esto con carácter general y, para demostrar mi opinión, en próximos artículos comentaré, con el detalle que me permita el espacio, algunas de las medidas milagrosas del decálogo del señor Rajoy y llegaremos a la conclusión de que muchas de las medidas no son necesarias porque ya existen. Así que un poco de paciencia y algo de tiempo para demostrar que esta crítica inicial no es infundada.

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