El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

JUAN SALGADO

En el país del creciente disparate

14.07.2018 
A- A+

POR lo que se ve, la gobernanza de lo público de estos nuevos tiempos se sustenta en dos pilares fundamentales, a cada cual más improcedente y pérfido.

Por un lado, adentrarse -con la ley o por decreto- en la libertad individual de las personas para regular cada vez más su presencia en la sociedad; desde los comportamientos sexuales a las creencias religiosas, desde cómo pescar en buceo un longueirón a la libreta de ventas de unos pocos grelos a pie de carretera, desde las manifestaciones lúdicas y populares a convertir en delito, con pena de hasta dos años de cárcel, los malabares de una aprendiz de artista en un semáforo capitalino... El país del disparate.

El segundo pilar, el armar todo ese batiburrillo de la correspondiente maraña legislativa que aumente la burocracia, multiplique los requisitos documentales y convierta al ciudadano en súbdito de un funcionariado anclado a su poltrona, tal que los imbéciles británicos que recuerda el dicho. Amenazándolo, además, con exorbitadas multas para que lo que no se logra desde el convencimiento se imponga a través del miedo, que demostrado está desde la primera de las dictaduras de la historia que es una muy eficaz forma de llevar los asuntos de la gobernación de los pueblos. Una vía del castigo que no es más que una muy burda forma de tapar con cañonazos las propias incapacidades gubernativas.

Ahora le toca a una de las manifestaciones populares y lúdicas más ancestrales de Galicia, las fiestas de pueblo y las romerías, con relevancias sociales que solo mentes educadas en ámbitos urbanitas pueden desconocer o desconsiderar. Y así, englobándolo todo en una Ley de Espectáculos de Galicia, que lo mismo fiscaliza una boda que una romería o un concierto de pago, las limitaciones abundan, los requerimientos legalistas se multiplican y el peligro cierto de acabar con una costumbre ancestral se ve cada vez más cerca.

Nada hay que objetar a que se regule con las debidas exigencias aquellos espectáculos con claro interés lucrativo. Mezclarlo con otros de tipo lúdico y social, como una fiesta popular o un casamiento, son ganas de poner puertas al campo de la tolerancia. De igual modo, ampararse en lo sucedido en el Madrid Arena para coartar toda manifestación lúdica, justificando al mismo tiempo en la exposición de motivos que se respetan "las especiales circunstancias de la Comunidad gallega" entra de lleno en lo insólito.

Como insólito resulta, según se ha podido leer estos días en la prensa, que a los promotores de una romería más onerosa que lucrativa en el Barbanza se les exigiera la presencia de un técnico que supervisara la instalación de una carpa realizada por otro técnico acreditado o que, para colmo, se demande documentación oficial de una carpa municipal, montada con técnicos del propio concello.

Dan ganas de preguntarse de qué guindo se cayeron estos nuestros diputados o si no sería mejor que las sesiones parlamentarias se rigieran por los principios de esa misma ley, como espectáculo que es.

jsalgado@telefonica.net