Domingo 16.11.2008
Hemeroteca web
|
RSS

Gracias a su menor dependencia del ladrillo y al buen comportamiento de las exportaciones, Galicia es una de las tres comunidades autónomas en las que el impacto de la recesión en el PIB regionalizado correspondiente al año 2009 ha sido menor. Y hay que congratularse por ello.
Los planes de inversión pública plurianual y las ayudas al sector del automóvil, puestas en marcha por la Xunta a comienzos de 2008, han surtido el efecto deseado en ambos años, al amortiguar las consecuencias negativas sobre el crecimiento y el empleo provocadas por la caídas del consumo y la inversión en el sector privado.
Porque si no llega a ser por políticas keynesianas aplicadas por el Gobierno bipartito y por el impulso que el Gobierno central le está imprimiendo a la ejecución de los planes de infraestructuras, 2009 hubiera sido bastante peor para Galicia.
Aparte de los reajustes presupuestarios llevados a cabo por razones técnicas, el hecho es que, en un ejercicio lastrado por el retroceso de la demanda interna de las familias y las empresas, el Gobierno Feijóo optó por congelar el consumo público y la inversión pública. Un dato incontrovertible: la obra pública licitada por la Xunta en 2009 se despeñó un 56 por ciento, más de 600 millones de euros, respecto a 2008. Y las perspectivas de crecimiento del PIB y del empleo para este año no son nada halagüeñas, según las previsiones del equipo de estudios de Funcas.
Ese problema se podría haber evitado en gran medida, si el Ejecutivo que preside Alberto Núñez Feijóo hubiera continuado con la estrategia keynesiana de su antecesor en el cargo. Al no utilizar todo el margen legal de endeudamiento de que dispone la comunidad autónoma, los populares se desentienden de las políticas anticíclicas. Reducen al mínimo las medidas de estímulo y hacen depender, casi en exclusiva, el crecimiento económico de cómo se comporte el sector privado, cuando éste todavía está convaleciente, y necesita un tiempo para recuperarse de la debilidad que le aqueja.
Con 560 millones de euros más, la Xunta podría haber inyectado vitaminas para el crecimiento, en un momento, además, en el que los tipos de interés han tocado su punto más bajo, con lo que el coste de la operación hubiera resultado relativamente barato. Probablemente, una oportunidad así no volverá a presentarse en unos años, pues todo apunta a que el precio del dinero entrará en una fase alcista a partir de junio.
En otras palabras, no era necesario que Galicia se adelantase al plan de ajuste que pondrá en marcha el Gobierno central. Plan de austeridad que, como ya adelantó Ángel Laborda, reducirá el consumo y la inversión públicas, lo que se traducirá en un menor crecimiento económico. E ahí una de la explicaciones de por qué en 2o10 Galicia no estará entre las comunidades autónomas que crecerán en positivo.
Que este año nos visite el Papa, en nada obliga a la Xunta a ser más papista que él.
En cuanto a la productividad, la referencia para Galicia no son las comunidades en las que aumenta mucho como consecuencia de los fuertes ajustes del empleo en la construcción (caso de Valencia), sino que la productividad gallega retroceda respecto a las comunidades menos dependientes de ladrillo, como es nuestro caso.

Vómitos en el casco viejo santiagués
Fuente que no mana en Compostela
El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado