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Domingo 16.11.2008      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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PILAR BRIONES VARELA

tribuna libre

Pedro Poveda

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Como si Teresa de Jesús no hubiera dicho todo en la vida, surge un espíritu nuevo, fuerte y vigoroso, el de Pedro Poveda que, respondiendo a las necesidades de su tiempo, impone modificaciones no sólo en los temas sino en el estilo de llevarlo, y ese teresianismo que don Pedro desata, rueda por el mundo con un mensaje de letras y virtud, cuya trayectoria definitivamente fijada se incrusta en el seno de la Iglesia.

Quisiera colocar a Poveda en la historia y acercarme a él en la actualidad y el futuro, con el peso que le corresponde. La noción de persona es la primera faceta del ser humano y la que hoy va a ser objeto de mi estudio, en su realidad individual, intransferible y en su vertiente social.

Dando por supuesto la implicación personal y social de la acción humana de Poveda, reglada por el humanismo universal, que no quiere marginados, como hemos visto en su talante social y político, no me detengo en ello.

En un mundo de crisis de valores, don Pedro se nos presenta como uno de los grandes soñadores de la historia.

Supo desde su juventud compartir con naturalidad y sencillez el ser y el tener, su tiempo y su persona, solidaridad cristiana, signo de la unión con Dios.

Para Poveda, el norte de su vida es la referencia central a Cristo, y tal centralidad es Jesús, lo cual no anula su peculiaridad individual, de empujar a dar cuanto él puede dar, de potenciar cuanto encierra dentro de sí. La gracia no destruye la naturaleza en él, cada día más santo, en palabras de él "perfeccionando el tu tuyo, no imitando, ni queriendo hacer otra cosa distinta de la que Dios creó". Su ejemplo es Cristo y nada más. Pedro Poveda, como todos aquellos que realizaron grandes empresas a favor de la humanidad, y él uno de ellos, llamémosles santos, son criaturas de gran corazón. En ellos el amor fue la fuerza motriz. Así vivió Poveda y así cinceló y forjó su carácter fuerte, como el de un héroe apasionado. Con una cabeza bien amueblada y formada, adornada esa inteligencia con una fe ciega, pero racional y metódica, Poveda es consciente de que Dios creó y recrea nuestro ser.

Poveda es un ser con la marca "ética" que lleva consigo, de ser llamado como un personaje bíblico, al que se le han encomendado otros hombres. Choca esto con el vivir de nuestros días, el vivir sin memoria y sin prójimo. También era de aquella la gente sin futuro, con creciente desafección religiosa. Pedro, en ese clima, se siente llamado a la búsqueda del sentido del hacer y del vivir, con inventiva, libertad e inteligencia para hacer de España una casa habitable. Así entendía Pedro el educar.

Y así interpretaba Poveda de puño y letra el destino de su yo. Así asoció también don Pedro lo humano a la figura de Dios hecho hombre. El ayudar a que Dios resulte más esperable y prepararnos a la acogida de su palabra, lo que nos pone en pie a la persona. Resulta difícil trazar un perfil definitivo del padre, y aunque no cuadra con mi inteligencia, dada mi ancianidad, continúo con el tema y me defino sin rodeos. El padre lleva todo el hombre dentro de él. Es un hombre que se va haciendo hasta su propio signo, siempre es el mismo y a la vez otro. Cuando es martirizado, aún no había dado su perfil definitivo. Permanece lo que en él es permanente: corazón, cerebro, sensibilidad. Cambia lo que fluye en la vida: amor y entrega. Así, sabe ver, sabe oír, sabe traducir la vida en esperanza, sabe abrirse a la búsqueda, al encuentro con Jesús y siempre deja un camino abierto para llevarnos a Dios. Dentro de esa múltiple pluralidad, cabría destacar multitud de facetas. Cuando contempla la condición de hombre, sabe hallar al hombre y quiere ser la voz del que no tiene voz. Para él todo le es próximo. La trascendental no se le escapa. Ha logrado entrar en el misterio de Dios. Es hombre cercano a Dios. Todo lo que hace es revelar su profundidad y simplicidad, que justamente aunadas destacan más su sencillez. En el transcurso del tiempo maduran en Poveda lo que llamamos virtudes, y esa vida entregada se hace merecedora de un martirio de muerte en la iglesia.

A lo largo de sus sesenta y un años de vida se hizo bien visible su ser de hombre interior. Sólo los que le vieron hablar y callar, orientar y pedir consejo, orar y lugar, elaborar proyectos y vivir minuto a minuto los acontecimientos de cada día podrán hablarnos de la dimensión humana de Pedro Poveda.

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