El Correo Gallego

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in memoriam

MICAELA FERNÁNDEZ DARRIBA (*)

Cuando pienso que te fuiste

06.10.2009 
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Si cantan, es ti que cantas, si choran, es ti que choras, i es o marmurio do río i es a noite i es a aurora

 

Anteayer nos enteramos de que la "cantora" (nombre de su último álbum y definición musical más acorde al género femenino) Mercedes Sosa había fallecido. La Negra, como se la solía conocer a esta tucumana de 74 años, había revolucionado desde hace 60 años al mundo con su voz cálida y certera. Ella junto a otras cantoras latinoamericanas, de quienes se nutría inexorablemente, transmitieron con palabras, sonidos y gestos aquello que es absolutamente propio de cada cultura y de cada pueblo. La Negra, artista popular y universal -ambos conceptos pueden convivir armónicamente-, había logrado que el folklore, la música que caracteriza a la cultura local, se contemplara como propia en lugares tan lejanos como Alemania. Recuerdo un concierto de Uxía Senlle en Buenos Aires, en el que le dedicó a la "cantora" su pequeño homenaje en vida interpretando algunos temas, que si bien no fueron creados por Mercedes Sosa, fue ella quien los supo interpretar como nadie. El arte, desde sus diferencias, nos liga y este es uno de los mayores méritos de los y las artistas.

Mercedes Sosa tuvo la habilidad de interpretar las canciones como nadie y de mantener una coherencia ética y estética a lo largo de toda su vida. Por eso, no fue solo la Negra, era por momentos Violeta Parra, Chabuca Granda, Chavela Vargas y otras voces que nos inundan de recuerdos, de nostalgia y de presencias. Mestizaje de los pueblos, de acciones, de las personas y de poesía que desmiente el triunfo de una historia única y que hace aparecer a esas voces que se quedaron y quedarán para siempre.

No existe el fin en esta historia, ella ya no está, pero persistirá gracias a la memoria y a la capacidad de evocar instantes, momentos en los que se antepone la belleza. Fue una apropiadora que supo interpretar la prosa de los ríos, de los árboles, de la tierra.

Como Rosalía de Castro se constituyó en la voz del exilio, en este caso recuperando y reavivando el germen de la resistencia contra la dictadura. Podríamos decir que hoy su legado se convierte en una piedra en el zapato de todas las injusticias. Seguirá "cantando al sol como la cigarra" o tal vez dando "gracias a la vida" y nosotras y nosotros solo tendremos fuerza para volver a escucharla.

(*)Desde Buenos Aires, que olvidó su primavera