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Crónica personal

PILAR CERNUDA

Sánchez y solo Sánchez

19.06.2017 
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HA devastado a quienes le mandaron a casa el pasado 1 de octubre y se ha blindado, a través de unos nuevos estatutos, para que la ejecutiva no pueda actuar contra el secretario general. Finaliza el 39 congreso del PSOE con el pleno poderío de Sánchez en una ejecutiva en la que el único gesto hacia los perdedores de las primarias ha sido incluir a Patxi López.

No ha escuchado las solicitudes de los dirigentes regionales para el comité federal, a los que les ha comunicado quiénes formarían parte de ese órgano, no les ha pedido nombres. La incomodidad de Susana Díaz fue muy visible aunque en declaraciones públicas afirmaba su lealtad al secretario general. Hay malestar entre los andaluces por la resignación que ha demostrado la presidenta, pero Sánchez no ha dado excesivo pie a nadie para defender sus posiciones.

A Susana Díaz la ha tratado con desprecio y a Ximo Puig le coloca un adversario potente para que gane el congreso regional. Los madrileños, muy divididos, comentaban irónicamente que su futuro estaba supeditado a lo que impusiera Sánchez. Impusiera. Las nuevas formas de quien presume de diálogo. Parece evidente que cuando Sánchez decía que había aprendido de los errores cometidos no se refería a que corregiría su actitud de acercamiento a Podemos y animadversión personal a Rajoy, sino que iba a tomar medidas contra los compañeros que no habían apoyado el rumbo que trataba de imponer al partido.

El planteamiento más inteligente del actual PSOE es el giro incuestionable hacia la izquierda. Lo decía su lema, Somos la izquierda, y lo indican las propuestas aprobadas. Sánchez quiere hacerse con parte de los votos de Podemos, pero con riesgos: escorarse excesivamente a la izquierda puede hacerle perder votos de centro, y ahí está Ciudadanos esperando. Y el propio PP, que sufre las consecuencias de la corrupción, pero con datos económicos sólidos que pueden atraer votos de centro que no acaban de sentirse cómodos con la ambigüedad de Ciudadanos en asuntos importantes.

En el giro a la izquierda, sin embargo, Sánchez se ha pasado de frenada. No es bueno abominar del pasado del PSOE incluyendo la desaparición del himno. No es bueno adoptar posiciones más radicales que las de Iglesias, ni falsear datos para dar más fuerza a sus frases demagógicas. Anunciar que va a empeñarse en crear una alternativa parlamentaria para "desmantelar la acción legislativa del Gobierno" y acabar con él es algo que ansiaban sus fieles. Acierta cuando reitera que defiende el Estado y la Constitución, pero resbala cuando afirma que este Gobierno no lo defiende. Qué diga en qué. Como resbala en su visión sobre el papel de la Unión Europea.

Al Sánchez reelegido con el 70 % de los votos le falla su soberbia, la forma en la que se expresaba cuando se refería a qué iba a hacer cuando llegara a la Moncloa, no si llegaba a la Moncloa. Por no hablar del trato dado a los compañeros que disentían de sus políticas.

Y, para su pesar, quedaba en el ambiente la sensación de que el nuevo secretario general se siente inseguro: solo así se entiende la necesidad de montar un acto de clausura con miles de militantes -que no personalidades del PSOE- en un edificio distinto. Está bien dar visibilidad a quienes le han convertido en líder del partido pero ¿era el momento adecuado, o necesitaba hacerlo para reafirmarse en su liderazgo? Es un nuevo PSOE, como dice Sánchez. Habrá que darle un margen de tiempo para comprobar si ese nuevo PSOE gana elecciones, como el PSOE enterrado en el 39 congreso.

Periodista