Domingo 16.11.2008
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La actitud de nuestros grandes partidos es más de partido que de grandes. No miran más que a las mezquinas conveniencias de grupo. Son un peligro público. Dejémonos de melindres puritanos: tan lógico es que el Gobierno trate de tapar sus errores y capear los temporales que le sobrevienen como que la oposición no desperdicie las ocasiones de denunciarlos y sumar puntos. Lo que ya no es lógico es que este juego se lleve al extremo de desentenderse de la solución de los problemas que acucian al ciudadano al que representan.
La presentación en Parlamento del proyecto de ley de economía sostenible ha mostrado la nula preocupación que causa en los partidos el escenario posterior a la crisis. Cierto que los socialistas pretendieron haber inventado una triaca máxima contra las dolencias del sistema económico vigente; pero bien pudo haberse tomado su iniciativa como guión para solicitar un debate más demorado sobre un asunto que por su alcance compromete el futuro del país más que el del Gobierno. El plan fue descalificado de la cruz a la raya con razones casi nunca relacionadas con el texto. Trabajo de zapa que, ay, no se completó con al menos un esbozo de política económica alternativa por parte del grupo popular. Omisión ésta que sólo se puede interpretar de dos maneras: o no tienen una receta distinta, o no quieren hacerla pública. Ninguna de ellas anima mucho.

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