Domingo 16.11.2008
Hemeroteca web
|
RSS

DECÍA Goethe que los ignorantes plantean preguntas que los sabios contestaron hace miles de años; a lo mejor es que hay más preguntas que sabios, muchas más preguntas que respuestas y muchos menos ignorantes de lo que se sospecha. En cualquier caso, preguntar no es malo y es preferible ponerse colorado al preguntar algo que saberte burro el resto de tus días.
Hace meses, el presidente de banca que suele anudar una corbata roja (ya tiene coña esa apropiación cromática, pareja a la de que esa entidad gallega de ahorro asentada en Vigo lleve el nombre de una revista que fue del Partido Comunista de Galicia), hace meses, ese presidente de ese banco, pronunciaba y se desvivía en loores en honor de la política del anterior jefe del ejecutivo y afirma ahora que la culpa de lo que pasa es toda, todita, toda de los políticos y no de los banqueros. Por eso pregunto yo, que soy un ignorante y no sé de economía, ni de otras artes aplicadas, cuándo nos mentía el caballero en cuestión o es que está de broma desviando balones de portería.
No están los tiempos para bromas. Ni para que nadie nos tome el pelo. Estamos asistiendo a una monopolización de la banca, dirigida desde instancias políticas, que, en mi ignorancia, sospecho poco beneficiosa para los intereses de los que antes se llamaban impositores, ahora clientes y mañana sabe dios qué, pero que cada vez estamos menos considerados y somos mucho más indefensos: por ejemplo, empezaron ofreciéndose a pagarnos los recibos que antes nos venían a cobrar a casa y ahora estamos en sus manos, pagándoles a ellos unas comisiones por hacerlo que para sí quisieran los antiguos cobradores a domicilio por cada recibo que cobrasen; es decir, menos puestos de trabajo, más ganancias para los bancos, que incluso están ya consiguiendo que trabajemos para ellos realizando on-line nuestras propias operaciones.
Hace unos días me preguntaba un amigo por qué los bancos, cuando se quedan con una de nuestras viviendas, las pueden vender sin ponerlas a su nombre y ahorran así el 7% de las transmisiones patrimoniales. Argumentaba mi amigo, que no sé qué razón tendría, que a una media de 200.000 € vivienda y partiendo de la existencia de al menos un millón de ellas, la cifra que estaría dejando de ingresar Hacienda rondaría, creo recordar, los catorce mil millones de euros.
Ignoro si mi amigo tendría o no razón y de dónde habría sacado él tales datos; ya les advertí a ustedes de mi ignorancia supina en todo este tipo de cuestiones. Por eso me permito recabar sus opiniones, pedirles que me digan si es erróneo o no esto que se dice y que me ayuden a salir de la perplejidad en la que me hallo. ¿Están de broma nuestros banqueros o es que les da risa al ver cómo están las cosas? Entre unos y otros, entre banqueros y políticos, hasta aquí nos han traído. El problema es saber si podrán ser ellos quienes nos saquen del lío en el que nos han metido, nosotros con ellos, al creernos todo lo que nos decían y juraban.
Escritor, Premio Nadal
y Nacional de Literatura

Vómitos en el casco viejo santiagués
Fuente que no mana en Compostela
El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado