Viernes 19.03.2010
| Actualizado 00.00
Hemeroteca web
|
RSS
Mi querida Galicia, formas parte no sólo de España, sino del mundo. Cuando arde un trozo de tierra, arde una parte del mundo. No sólo se quema Galicia, se quema también una parte de ese mismo mundo. Galicia está inscrita en la cartografía mundial como un paisaje verde presidido por el Obradoiro inmortal balanceado por el Botafumeiro único.
Un paisaje verde en comunión con las ancestrales riadas de peregrinos a Compostela. Esto es la esencia de Galicia: paisaje, arte y rezo. Si esto desapareciese, desaparecería Galicia. Y los gallegos debemos conservar, por deber y por derecho, esta tierra verde incomparable, olvidando al fantasma Breogán, la nazom lusitana, las luchas partidistas que despilfarran el dinero en litigios pretéritos. Decimos con Splenger que "cada tierra tiene su destino. Si no lo descifra o lo niega, caerá sobre ella la desgracia". Pero hoy, ¿quién enseña a mirar y admirar un árbol? En esta sociedad absurda se sobrepone el interés mediático por la testosterona derramada por el mundo de la mediocridad consentida. Nadie piensa en el carpe diem que dé sentido a nuestra existencia y a la que debe prenderse un divino fuego que nos lleva como la mariposa hacia la luz.
Una verja rota y peligrosa
Nevera enchufada a xestas
Basura acumulada en Arzúa
Cabina inútil en A Estrada