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ABEL VEIGA

¿Preocupados por Cataluña?

12.01.2018 
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PERO ¿por qué y a causa de qué lo íbamos a estar?, ¿es que ha pasado algo que no supiéramos?, ¿qué ha sucedido pues en este impenitente país echado a lomos de mula vieja y recostado en la indeferencia perpetua? Se extraña acaso alguien del cansancio, del hastío que ha supuesto para todos el tema del procès. Es que de aquellos lodos estos barros. De aquella iniquidad o infamia, la desvergüenza y el desinterés. Sí, las estadísticas frías y oportunistas casi siempre, pero que reflejan como es el pulso hipotónico o midriático de una sociedad que hace mucho optó por adormecerse voluntariamente, nos dicen ahora, entre ecos de barlovento aumentados unos cuantos decibelios, que la preocupación del españolito de a pie por Cataluña ha caído al cuarto lugar y a un 12 %.

Bien, qué quieren, ¿qué felicitemos a los españoles o a los políticos por su saber hacer, que a todas luces ha dejado, deja y, por el rumbo que vamos, dejará mucho por hacer y más por desear? Es que alguien cree que se ha solucionado algo? Cuesta mucho creérselo, pero allá cada uno es muy libre de creer lo que quiera. Como decía el verso de Machado, ¿saben quién era y de qué siglo?, el ojo que te ve no es ojo por que tú lo veas, es ojo por que él te ve. Y aquí se trata de ver y no ver simultáneamente. El tema catalán, a pesar de su dramatismo, su visceralidad y su enorme teatralidad, no solo no se ha solucionado sino que se ha enquistado. No se ha avanzado mucho que digamos. Pero no todos quieren escucharlo, menos leerlo.

Simplemente ha servido de coartada y de ilusionismo barato para adormecer otros muchos problemas que tiene España, pero también el ciudadano de a pie. La calle. Con sus problemas algunos crónicos, otros difíciles de subsanar y otros, que a poco de voluntad y querer son fácilmente sanables. A todos nos importa muy poco la enésima o última aparición, extrañamiento, o resurrección del señor Mas, del señor Puigdemont y todo el akelarre estrafalario de personajillos mediocres y simplones que han colonizado el discurso político y social, como también los que se han cobijado en la indiferencia, la pasividad y el no hacer ni decir nada.

Este es un país donde el talento se deja de lado, donde la crítica se silencia, y donde poner el dedo en la llaga y hacerlo públicamente, desde el respeto, corre el riesgo de que le tachen a uno de fanático. Ya ven, lo políticamente correcto es apartarse y dejar hacer o no hacer nada. Pero usted, ciudadano, ¿dónde quiere o elige estar? No se trata de poder, sino de optar. ¿En la cobardía y la pasividad, o en la crítica y el constructivismo social y político? No importa lo que conteste, siempre contestarán por usted si sigue prefiriendo mirar hacia otro lado, el de la nada. Pues así le tratarán también a usted.

Profesor universitario