Domingo 26.05.2013
| Actualizado 00.00
Hemeroteca web
|
RSS
¿MENTIRAS? Decir que son mentiras sería más tranquilizador porque supondría que el gobernante sabe lo que está haciendo, tiene un plan, una ruta, una brújula, aunque después escamotee los datos al ciudadano. Lo peor de la situación es que seguramente el ministro De Guindos no mintió cuando enfatizaba hace pocas semanas que el rescate bancario no suponía medidas macroeconómicas. Así lo creía o así se lo hicieron creer entonces sus colegas europeos.
Lo que ocurre es que, una vez convertida en mera comunidad autónoma de Europa, España sigue un guión del que sólo le van enseñando cada capítulo, sin adelantarle el siguiente. Su presidente y sus ministros son actores que interpretan un argumento escrito fuera. Su misión es traducir al castellano un plan elaborado por nuestros prestamistas, presentarlo en público y cargar con las críticas del respetable. Por eso el espectáculo de ayer es similar al del guiñol, donde se ven los muñecos gesticulando, mientras la mano que los dirige permanece oculta.
Mariano Rajoy ha desempeñado el mismo papel en el escenario que Rodríguez Zapatero hace dos años y pico, cuando se apeó de todas sus convicciones para digerir la ortodoxia marcada por Bruselas. El socialista tuvo que soltar lastre de socialismo, y el popular tiene que archivar buena parte de su bagaje ideológico. Ambos han de hacer cosas diferentes a las que prometieron, entrar en contradicción con sus programas e indisponerse con sus electorados. Sus gobiernos tienen la dirección bloqueada.
Incluso resulta asombrosa la similitud argumental. Los dos aseguran que no hay otra opción y los dos vienen a decir que están actuando en contra de su parecer. Al escucharlos, no queda claro si uno está ante un presidente dirigiéndose a su país, o ante un embajador de Bruselas hablándole a unos ciudadanos que han perdido su soberanía. Comparten además un diabólico dilema, porque admitir que lo suyo es un karaoke en el que sólo mueven los labios, es malo, pero sostener que los ajustes drásticos son de su propia cosecha, casi es peor. Un drama político que obliga a preguntarse si de verdad es preferible este rescate solapado, que el rescate abierto de Portugal, Grecia e Irlanda, o el gobierno neutro de los italianos.
Si, como dijo ayer Rajoy, hemos llegado a un punto en que no tenemos libertad para elegir, tal vez sea el momento de asumir con claridad que no sólo la banca o la economía, sino también la política, está intervenida. Acaso sea mejor eso que esta agonía por capítulos, de la que nunca sabemos el final.

25.05.2013
Pintadas en la sede compostelana de Cruz Roja
Pintadas en el mobiliario urbano de Fontiñas
Basura ‘adornando’ la iglesia de Santa Susana
Paneles que no informan de lo debido
La plaga de pintadas continúa avanzando