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el punto je

JOSÉ DE CORA

La puñetera ley

12.01.2018 
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AL alcalde sevillano de Pedrera le han pillado con el subconsciente por fuera, como esos calzoncillos que se empeña en mostrarnos la moda de los pantalones caídos. Lo sacaron de sus casillas y lo tenía a la vista. El hombre hablaba a unos exaltados vecinos que estaban dispuestos a linchar a cuanto rumano se encontrasen en venganza por una macarrada de tráfico. Y lo soltó, vaya si lo soltó. ¿Qué os creéis? ¿Que a mí no me gustaría también ver a gente fusilada? ¡Como al que más, majetes! Lo que pasa es que hay un pequeño problema con la dichosa ley que nos lo impide, que si no, pim, pam, pum; a uno detrás de otro.

Es de suponer que al alcalde ni siquiera le harían falta juicios previos para convertir en paredón la tapia del cementerio, que de eso sabemos bastante los españoles. Incluso es posible que en su ánimo estuviese calmar a las masas con semejante discurso, porque se le adivina buena intención. Si fuese por fusilar, aquí estaba yo, el primero. Pero claro, la puñetera ley nos lo jeringa.

En el fondo el alcalde de Pedrera es el paradigma español. Y muy comedido, no se crean. Cuando los puigdemones y compañía se topan con la ley no dicen: ¡Con lo que nos gustaría a nosotros ser golpistas! No, qué va. ¡Lo son y santaspascuas! Por lo menos el alcalde de Pedrera se ha frenado ante la ley y no ha fusilado a nadie. Le gustaría hacerlo, pero se contiene como esas madres que ante la trastada de uno de sus hijos, lo miran al fondo de los ojos y les dicen: "Si me dejasen, te iba a poner el culo como un pandero". Pero no se lo pone. Se detiene ante la existencia de la puñetera ley, como el alcalde de Pedrera.

Periodista