El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

{RESEÑA MUSICAL}

RAMÓN G. BALADO

Matinal en la Escuela Berenguela

24.10.2016 
A- A+

Nueva sesión ofrecida en la Escuela Berenguela, con alumnos del profesor Alexander Gold, una forma de entretenerse y probar obras en directo ante el público, en alguno de los casos como primera experiencia para perder eso que dan en llamar miedo escénico. Tres de las paginas pianísticas, procedían  de un maestro menos conocido aunque bien apreciado por los jóvenes que se inician a través de sus habituales composiciones de salón. Se trata de Johann Friedrich Franz Burgmüller, músico nacido  en Ratisbona para continuar su carrera en París el resto de su carrera. Estudios, baladas, nocturnos y los apetecibles Estudios, a los que dedicará sus  Op. 68, 76, 100 y 105. Son precisamente los Estudios Op. 100, los que acapararon el interés de los docentes y alumnos.  Para esta matinal, Sofía Pumar interpretó el conocido como Golondrina, y Cristina Ling Costa, los titulados Arabesco y Balada. En su definición, los estudios pretenden contribuir a mejorar la técnica y dar confianza en sí mismo al intérprete, forma musical que siempre interesó a los grandes maestros, desde C.Czerny, a R.Kreutzer o Muzio Clementi, en igual medida que lo había sido para los barrocos, desde los Bach a D.Scarlatti.   Antón Figueroa, probó precisamente con el Scarlatti de la Sonata en Mi M., obra en principio para el clave, aunque la posteridad convertirá en apetencia de los más dotados pianistas, por lo que exigen de técnica depurada y virtuosismo. Lo más significativo de sus sonatas, están repartidas en volúmenes conservados por distintos países, entre los que destacan los de la reina María Bárbara, quien fuera alumna del napolitano. También le escuchamos en la  Sonatina nº 3-final-, de Dimitri Kabalevski, un compositor que siguió en sus comienzos la escuela de A.Scriabin, para proseguir con Goldenweiser y  Miaskowski, en composición. Julieta Dix, nos dejó el primer movimiento de la Sonata en re m.  nº 17 “La tempestad”, dentro de una idea definitiva de la liberación de la forma y el Preludio nº 12 del Op. 32,  en sol sost. m. de S.Rachmaninov, en sus detalles elegíacos.
Alisa Zhgenti, se decidió por una de las  Ecossaises beethovenianas, la escrita en Sol M., siempre con su talante desenvuelto y vital, en tiempo binario y de origen incierto que arraigaría en Europa tentando a  los compositores más ambiciosos.  F.J.Haydn, su maestro admirado, estuvo por un Scherzo característico de su amplio corpus sonatístico que a partir de él marcará un patrón para la posteridad. Sus sonatas, en principio para el clave, irán evolucionando a la largo de su longeva vida.  Emiliano y Alfonso Sánchez Velasco, como invitados entre los alumnos del profesor Gold, cambiaron de tercio a través de un dúo de violines, y que para esta ocasión eligieron el primer movimiento del Concierto para dos violines BWV 1043,  de Johann Sebastian Bach, en la necesaria adaptación y obra que acabarían conociendo una transcripción para dos clavecines. En esa obra, los dos solistas comparten protagonismo con el resto de la orquesta en su versión original.  Miguel Iglesias, contaba con un ejemplo de los valses poéticos de Granados, un previsible homenaje al compositor ilerdense en el centenario de su triste desaparición.  Sara Pinaque, cada vez más segura en su evolución, aportó dos piezas, una que domina por profundo conocimiento e interés, se trata de Orgía de las Danzas fantásticas Op. 22, plena de colorismo y agilidades, de J. Turina- incluida en la sesión de becaros de la última edición de Música en Compostela, en donde había recibido el año anterior el Premio Fundación  Victoria y Joaquín Rodrigo- y También el primer movimiento, Allegro di molto e con brio, de la Sonata nº 8 (Patética) Op. 13, obra que en manos de una pianista como Sara, se resarce de tanto despropósito sufrido por desconsiderados  e indolentes.