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TRIBUNA LIBRE

PEDRO FERRÁNDEZ RIVERA

Reflexiones sobre una derrota

14.07.2018 
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¿Es de verdad una tragedia el que haya perdido la Selección Española contra Rusia? A tenor por los comentaristas deportivos y por las lágrimas de los jugadores, sí.

En los últimos años hemos ganado dos Eurocopas y un Mundial, casi nada, pero no queríamos bajar de la cumbre, esa verdad que a nadie le gusta. Ahí están madridistas y culés adueñándose de las victorias en este país nunca bien acabado.

No hay que olvidar que en este Mundial va a ganar la mediocridad, lo decadente o si se quiere, otro fútbol, más gris. Rusia jugó un partido espartano, militar, sabiéndose mediocre, y nosotros, es lógico, hace tiempo que vamos perdiendo ese fulgor ateniense que nos ha dado las victorias que esperábamos tanto. Lo ateniense no es más que un estado de equilibrio, de madurez, en definitiva, de estilo. De un fondo que ha logrado forma, que ha logrado ser representado. También es verdad que era una generación espléndida, una combinación entre la medida ateniense y los primeros tiempos de la dominación romana, cuando ésta se dedicaba a traducir a los griegos. Una selección que por un momento parecía que no tenía problemas con banderas, incluso la amistad Casillas - Xavi Hernández así indicaba el camino.

Hubo unos años en que parecía que España se curaba, juntos, unos dejaban de lado la furia, el patriotismo barato y otros lograban entender que sin un espíritu conjunto no podíamos hacer nada. Danzaba Xavi Hernández, paraba Busquets, tejía Iniesta, se parapetaba Xavi Alonso, defendía Piqué, luchaba Sergio Ramos, gritaba Iker Casillas, parecía que el guerracivilismo había cesado. Es más fácil ser generoso en las victorias que en las derrotas. Todos intuíamos que no podíamos ser espléndidos todo el rato, exportar belleza para siempre. La belleza es un estado de equilibrio que se consigue pocas veces. Parece fácil, pero son relámpagos, visiones que aparecen y desaparecen. Recordemos, Brasil, Argentina, Alemania han sido eliminadas las tres. Siempre quisimos ser como ellos y lo fuimos, pero a nosotros no nos basta, o mejor no entendemos, y tendemos a desbaratar todo lo conseguido con maximalismo patriotero.

Te quedas de piedra escuchando por la radio a uno de esos opinadores deportivos de cuyo nombre no me acuerdo, diciendo que no se sentía representado por esta selección porque en ella estaba Piqué.


¿Por qué digo que perdimos contra la mediocridad? ¿Por qué es el fiel reflejo del mundo? ¿Por qué siempre fue más fácil destruir que crear? ¿Por qué en un país que creíamos curado los puntos nos han vuelto a saltar? Un país como una persona que no sabe fracasar, es como un niño mimado, inmaduro, consentido, que llora por todo como única forma de respuesta a cualquier problema.

Rusia fue un ejército bien adiestrado y nosotros estamos en un período largo de reflexión, de luto, añorando ausencias. Rusia es un equipo mediocre que lo sabe, nosotros todavía nos creemos sublimes, excelsos. Somos como Argentina, pero con menos afición a los psiquiatras. Pensamos que habíamos olvidado el particularísimo orteguiano, pero solo hemos perdido el ritmo, aunque nos quede en la memoria. Uruguay es un ejército engrasado, aunque también se fue, lo es también Francia, así como Croacia, etc. Es el momento de los equipos guerreros, no de la música. Y el ejército como concepto siempre es mediocre, pero se matará por su país. No, simplemente ya no es nuestra época, ha pasado.

Guardiola brindó al país un estilo de juego desde la periferia que fue aceptado por los triunfos del Barcelona, Luis creyó en él, lo vio, le pareció exportable y Vicente del Bosque lo mimó. Por fin ser de Barcelona para el resto de España no era ser alguien pesetero, separatista, egoísta, sino que era perfectamente compatible con el concepto un tanto altivo y de propiedad que tuvo Madrid con la patria.

Bien es verdad que todo fue posible por una generación de jugadores con mucho talento y que nos sorprendían con la facilidad con que representaban una obra creíble, velazquiana.

Pero como esto no se podía consentir, empezaron otra vez las voces desde Madrid, furia, patria, España. A nadie se lo ocurrió pensar que esta es una selección de autonomías, y solo hubo líos con los catalanes, era inconsentible que Xavi Hernández y Piqué lideraran esta selección y que encima hubiese buena relación con Sergio Ramos y mucho menos que tuviesen opinión política. Caso distinto es el de Iniesta, es callado y de Albacete.

Es verdad que todo esto de la independencia no ayuda mucho, pero ni de un lado ni de otro. La independencia alimenta al patriotismo y viceversa, y el fútbol es una consecuencia.
El caso de Lopetegui es uno más de ese particularísmo, o si se quiere individualismo que no se ha entendido. Un seleccionador que genera entusiasmo con lo que es de todos, anuncia inoportunamente en un alarde de sinceridad, dos días antes de empezar el mundial que ha firmado por el Madrid, es decir ha elegido una de los dos Españas. Ha firmado con Florentino. Ha roto la baraja, ha partido el juego por la mitad.

Habías conseguido una vez más acallar voces de la España dividida y nuestro representante máximo anuncia que se va al Madrid. ¿Se pudo haber callado? Sí. ¿Tuvo que prevalecer lo general? Sí. La herida está otra vez sangrando. Está bien destituido, no porque no tenga derecho, sino porque ha firmado por el Madrid. Ha elegido a otra mitad. Ya no es creíble como seleccionador. Tenemos que volver a recordar el caso Piqué cuando le silbaban en los estadios, por apoyar un referéndum al que nunca dijo que votaría sí. Lopetegui se equivocó, no por firmar, sino por firmar por el Madrid, por sucumbir a los encantos de Florentino. Prevalece lo particular ante lo general. Esta época es así. El bueno de Luis y de Del Bosque sabían de lo de todos.

Una Selección no es solo un equipo más, es la constatación de un hacer conjunto, de que es posible un pensamiento en la diferencia, un lenguaje común sin palabras, y eso Lopetegui y Florentino lo han roto, eso sí, dándole un marchamo de honestidad y buen hacer, pero el muerto está muerto. ¿Le importa realmente a un hombre de negocios lo general, lo que nos une? ¿Le importa a mi banco si yo quiero a mi mujer?

Florentino fue a lo suyo y Lopetegui se olvidó de ponerse los tapones de cera y atarse al mástil para no sucumbir ante los cantos de sirena, en definitiva, se olvidó de llevarnos a casa, se olvidó de la familia. Pudo haberlo dicho al final, hubiera sido lo mismo.

Tenemos una leyenda que ni siquiera sabemos relatar con orgullo, la demostración de un trabajo conjunto, hemos logrado por fin tener colores en un lienzo en blanco y diverso y ahora empezaremos otra vez a escupirnos a llenar las plazas de plañideras y de escupitajos.

Señores, solo hemos perdido ante la legión extranjera porque a eso no sabemos jugar… ahora.

Decía el maestro de Juan de Mairena: “Esto de morirse de hambre es más fácil de lo que yo creía” Añadiendo: “Y no tiene la importancia que se le atribuye”.