Domingo 16.11.2008
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Tener hijos es de gran ayuda para entender el comportamiento de Zapatero. Los niños, aún en proceso de maduración, tienen grandes dificultades para asumir las consecuencias de sus actos. Se guían por el capricho y por una libertad sin pulir que sólo entienden como autonomía total para hacer lo que les place. El sentido de la responsabilidad no lo traen de fábrica.
Nuestra economía está gravemente enferma, como advierten desde la Unión Europea, el Fondo Monetario o el Banco Central Europeo. Está en juego la supervivencia de miles de empresas, el empleo de casi todos, el sistema de cobertura sanitaria y social. ¿Y qué hace Zapatero? Contempla impasible cómo se desmorona el edificio y tan sólo anuncia un retraso en la edad de jubilación después de que le hayan puesto de vuelta y media en los foros internacionales. Almunia, Jordi Sevilla, Leguina o Barreda ya no se callan. Se unirán más a medida que la tensión aumente. Eso sí, el presidente no abandona su talante social, y lo primero ha de ser el reparto, aunque en este caso sea de culpas.
Primero fueron los controladores, a los que están criminalizando de forma impúdica. Después les tocó a los jubilados, a los que ZP quiere hacer trabajar dos años más porque no es capaz de generar empleo. Horas después, volvió a intimidar amenazando con subir la base mínima para calcular las pensiones de los 15 a los 25 años cotizados.
Que se preparen ahora los funcionarios para encajar el golpe. Zapatero acaba de chivarse a Bruselas de que sus sueldos han crecido más que la media europea. Les culpa para morderles la nómina en breve. De gastos superfluos, o ministerios innecesarios, no habla. En Washington, en el Desayuno de Oración, elevó una plegaria por el empleo. Como no mejore, ya sabemos quién recibirá otra ración de culpas.

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