El Correo Gallego

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RAMÓN BALTAR

Resto canillero

13.07.2018 
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EL campeonísimo Nadal opina de la actualidad política y a un diputado de Podemos le pide el cuerpo recetarle un insulto tuitero. Allá sus votantes si se lo premian.

El desmadre de su señoría refleja el trasnochado prejuicio de que los deportistas de élite gastan más músculo que cerebro, lo que aconsejaría que se abstuvieran de expresar su parecer sobre asuntos extradeportivos. Esto implica negarles un derecho fundamental de que disfrutan como ciudadanos.

Quiso ejercerlo el balear cuando, preguntado por la salida a la crisis, lamentó que se prefiriera la moción de censura a las elecciones. La respuesta culpaba a quien pudo abortar aquella convocando éstas y no lo hizo, pero el podemita no se enteró y vino a caer en la descalificación personal burlándose de su tenis. Intento vano y ridículo.

Ya es discutible que un cargo público se permita atacar a un privado sin motivo, pero lo que bajo ningún concepto puede justificarse es que lo haga faltándole al respeto. Exceso que exige algo más que una formularia petición de disculpas.

Los del plan viejo saltaron a despellejar al faltón rojeras, con los suyos guardan silencio obsecuente. La indignación ética selectiva lleva al doble rasero.

Profesor titular de Latín