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Domingo 16.11.2008      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

[Noticia 1 de 1] Opinión » Firmas

MARÍA LUISA GARCÍA GIL ARQUITECTO

la linterna de diógenes

Santiago quiere crecer

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Se están produciendo serios cambios en nuestra ciudad. La implantación de la Cidade da Cultura y la llegada del nudo del AVE a Santiago son dos oportunidades para que esta ciudad pueda levantar vuelo y sacudirse el complejo provinciano del que sus detractores, a veces, la acusan.

La Cidade da Cultura es una realidad sin vuelta atrás que hay que apoyar y habrá que potenciar, de la misma manera debemos facilitar la integración en la ciudad del nudo del AVE, aunque para ello haya, si fuera necesario, que desmantelar nuestra estación de los años 40 y su carismática marquesina. No será el primer edificio que se recicla, se reubica y se rehabilita para otro uso.

A lo largo de la historia, las ciudades han tenido que presenciar y soportar la demolición de barrios enteros en aras del crecimiento y lo que en su día fue un drama, les abrió las puertas del futuro. A mediados del XIX ciudades como París, Viena, Lisboa, Madrid o Barcelona sufrieron importantes remodelaciones en aras de la salubridad y adaptación a los nuevos medios de transporte.

El centro del Madrid provinciano de la época sufrió una traumática transformación en el siglo XIX a raíz de la reconversión de la Puerta de Sol. Al amparo de Ley de Desamortización Mendizábal, se derribaron en la antigua Puerta del Sol los conventos de San Felipe y Nuestra Señora de las Victorias con el fin de ensanchar, sanear y dar seguridad al nuevo Ministerio de la Gobernación en que se había transformado la Casa de Correos.

Sobre las huellas del convento de San Felipe nació, de hecho, el primer edificio de viviendas importante de Madrid, las Casas de Cordero, primera construcción con aspecto europeo compuesta de cuatro plantas. A imagen y semejanza de las Casas de Cordero, se construyeron posteriormente, con criterio unitario, el resto de bloques que componen la Plaza de Sol que hoy conocemos.

El barón Haussmann recibe a mediados del siglo XIX el encargo de Napoleón III de modernizar el inseguro e insalubre París medieval. Haussmann, a través de una controvertida Ley de Expropiación Forzosa, transforma París en una ciudad de grandes bulevares, grandes espacios públicos y grandes edificios diseñados bajo un criterio unitario de alturas, materiales y estilo. El barón fue el artífice del ejemplar sistema de alcantarillado, de la red de suministro de agua, de los grandes edificios públicos como la ópera o la Place de l'Etoile y de los grandes espacios verdes como el Bois de Boulogne.

El barón Haussmann es el hombre que destruyó el París medieval y construyó la ciudad más moderna del mundo de aquel entonces.

París fue la pionera en la adaptación de las ciudades a los nuevos tiempos, a los nuevos medios de transporte, especialmente a la integración del ferrocarril en su trama urbana.

El despertar de las ciudades requiere a veces traumáticas decisiones. En unos momentos convulsos, en que sentimos la necesidad de un reajuste del modelo económico e incluso en nuestra desnortada sociedad, evitemos que las ramas no nos dejen ver el bosque.

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