Sábado 20.03.2010
| Actualizado 13.30
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La sentencia está dictada, y punto. No hay nada de qué discutir. Las especulaciones están de sobra. El Tribunal, ciñéndose a la más estricta juridicidad, ha aceptado en su integridad la actuación del juez instructor. La sentencia, ciertamente, no es firme, pero los hechos declarados probados por la Audiencia Nacional son ya inamovibles. Enredar sobre esto son ganas de confundir a la opinión pública con fines espurios, haciéndole un flaco servicio a la Justicia.
El proceso sobre el 11-M está resuelto, pero sólo en cuanto a quienes fueron los autores materiales de la masacre, pues los acusados como inductores han sido absueltos. El tribunal no ha hecho, ni a título indiciario, pronunciamiento alguno sobre quien o quienes fueron los autores intelectuales o instigadores del atentado. Ahí queda una laguna que supongo será a la que se refiere Mariano Rajoy cuando dice que apoyará cualquier posible investigación al respecto. En un jurista como él no cabe otra interpretación a sus palabras. Ni más ni menos. La rabieta del mendaz Pepiño Blanco, que habla siempre por boca de ganso, carece de sentido. ¿Por qué esta resistencia del PSOE a que se busque la verdad? ¿Tienen algo que ocultar? Si fueran sinceros y honestos, tratarían de aunar los esfuerzos de todos para colaborar en la aclaración de este extremo que la sentencia deja abierto, algo que, me temo, quedará para la investigación de los historiadores, como quedó lo acaecido en torno al 23-F o al máximo responsable de los GAL. O lo que no se supo entonces, cuando el asesinato del general Prim, al que me referí en mi comentario del 11 de octubre de 2006, y del que, al cabo de los años, ya sabemos que el inductor y financiador fue el duque de Montpensier, utilizando como mano instrumental a su ayudante el coronel Solís. ¿Quién ha sido el duque y quién el coronel en la matanza del 11-M?
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