Martes 17.06.2008
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Uno de los argumentos que se escucharon en el Parlamento contra la abolición del plus de altos cargos, se refería al empobrecimiento. Al parecer, sin esa arbitraria propina, la política se haría más pobre. No explicó, sin embargo, el autor del razonamiento a qué tipo de pobreza aludía. ¿A la literal, o a la figurada?
Pudiera ser que los mendigos que hacían guardia a la salida de los supermercados antes de la entrada en vigor de la medida, fuesen ex altos cargos de la Xunta. Por vergüenza, no ponían en el cartel dónde el pedigüeño resume su biografía, que habían sido conselleiros o directores generales de algo , pero así era en realidad. De haberlo sabido, a buen seguro que los clientes habrían sido más generosos. En fin, quién sabe si en la legión de menesterosos no estaban disfrazados políticos de fuste arrojados a la miseria. Quizá a eso apuntaba el diputado. En ese caso, el plus vendría a ser como el Domund en una versión más sofisticada, dónde la típica hucha ha sido sustituida por un complemento en los Orzamentos. Una obra de caridad, en definitiva, a la que sólo podrían negarse los duros de corazón. Pero cabe también la hipótesis de que su señoría estuviera hablando de otro tipo de pobreza. En ese caso, empobrecer equivaldría a perder calidad. De lo que nos quería alertar era de que, sin un plus como Dios manda, la extraordinaria valía de la clase política actual iría disminuyendo hasta acabar en la vulgaridad.
Aún admitiendo que la administración gallega esté pobladas de grandes estrellas, la argumentación contrasta con el manoseado discursos sobre la entrega en favor del interés público. Revisen los anales. Ningún político toma posesión del cargo admitiendo que lo mueve el afán de ganar dinero, o el ansia de mandar. De ninguno se recuerda que haya dicho que sea el plus, y no su devoción por Galicia, el móvil.
Si son sinceros, no hay peligro de una fuga masiva de cerebros políticos, como parece insinuar el diputado que salió en defensa de la prima. El problema es que esas palabras formar parte de la retórica de estos tiempos. El Todo por la Patria es un lema que hoy quedaría incompleto si no le añadiésemos algo. Y por el Plus. Pero dónde naufraga por completo el razonamiento de los que defienden esta bicoca, es en la generalización. El contribuyente que la paga, podría estar de acuerdo en premiar al que se distingue por su solvencia y galleguidad. O también cabría aplicarla con carácter general, y después retirársela al político incompetente. Nada de eso. El plus queda amparado por Santa Rita, nueva patrona del alto cargo. Se conoce que aquel impulso franciscano que tuvo el presidente Feijóo con el recorte salarial a su Gobierno, no pudo con los intereses creados que unieron en una SGAE parlamentaria a populares y socialistas. Por lo visto, artistas y políticos son los que conservan el espíritu corporativo. Si en defensa del cánon vimos juntos a rockeros y folclóricas, para proteger el plus izquierda y derecha van de la mano.
Hagamos en este punto mención a una mujer que, sin ser santa, salvó la honra de la clase política cuando la propina apareció en escena. Lejos queda la protesta de la nacionalista Encarna Otero llamando a la insumisión contra el plus infame. La política sí que se empobrece sin gente como ella. Queda al menos el consuelo de saber que ninguno de los nativos del top-manta, esconde a un político deshauciado.

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