Martes 21.05.2013
| Actualizado 11.09
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SIEMPRE hubo dos clases de seres humanos, al menos dos; pero somos muy dados a simplificar, a no complicarnos la vida con demasiadas averiguaciones. ¿Esta esto bien? Puede que sí. También puede que no. Ya saben que, servidor, es un puñetero relativista. O que ejerce como gallego. No es broma. Hace unas semanas, enfrente del tanatorio que está enfrente del pontevedrés cementerio de San Mauro, figuraba un cartel que anunciaba la existencia de un menú del día en el restaurante que lo anunciaba, allí mismo, "Hay menú del día", afirmaba en su primera línea. Estaba escrita con tiza en una pizarra de publicidad de una bebida gaseosa. " Precio" indicaba una segunda debajo de aquella. "Depende" sentenciaba una tercera, debajo de la anterior. "Hay menú del día. Precio: depende" Ahí es nada. No sé si me explico.
¿Qué dos clases de seres humanos figuran en el menú de nuestra existencia? Pues, para empezar, dos: los altruistas y los egoístas. Pero teniendo en cuenta que unos se suelen deleitar en decir lo que piensan y que otros lo que hacen es regocijarse en decir lo que saben, y que unos y otros se dan con independencia de altruismos y egoísmos, congénitos o adquiridos, vemos que efectivamente la cosa depende y el menú de degustación de la realidad humana suele variar más de lo advertido. Egoístas que dicen lo que saben, altruistas que dicen lo que piensan y viceversa, altruistas que dicen lo que saben y egoístas que dicen lo que piensan. Incluso hay egoístas y altruistas que no dicen nada. Bien se ve que todo depende de algo y que, a poco que hurguemos en nuestra realidad, ya van media docena de clases de seres humanos. Súmenles, por ejemplo, los que dicen lo que sienten y los que lo ocultan y nos acercamos peligrosamente a los diez.
Sigamos. Imagínense que entre esos diez los hay de derechas y de izquierdas y que unos son católicos y otros no, pero que también los puede haber ateos y agnósticos, budistas y mahometanos, del Deportivo unos y del Celta otros, también del Real Madrid y del Barça, anoréxicos y bulímicos, tontos de capirote y gilipollas poliglotas, que puedan expresar sus pensamientos, su sentimientos y sus sabidurías respectivas en varios lenguas una vez detergidas y cernidas por el cedazo de sus convicciones. Como vemos, la cosa se va complicando.
¿Por qué optar? ¿A que categoría adscribirse? ¿En qué condición militar? Pues depende, como no podría ser de otro modo. Unos días nos ofrendaremos al mundo y a la convivencia; nos aprovecharemos de ambas, otro día; diremos lo que pensamos según nos lo pida el cuerpo; ocultaremos nuestros sentimientos, casi siempre; comunicaremos nuestros conocimientos con la mayor ingenuidad posible según como venga el tiempo o amenace lluvia. Seremos, todos, eso sí, tremenda, absoluta, decididamente humanos, al reconocernos en todos nuestros semejantes. Así que ya saben: menú del día: depende, siempre depende.
Escritor, Premio Nadal y Nacional de Literatura

21.05.2013
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