Sábado 20.03.2010
| Actualizado 00.50
Hemeroteca web
|
RSS
"Matan a Uria?pero la partida continúa". Era el pie de foto que acompañaba a la imagen de los compañeros de tute de Ignacio Uria, el empresario asesinado por ETA en Azpeitia. La cuadrilla, un día más tarde, no quiso faltar a su cita con la baraja para -según dijeron- "rendir homenaje a Ignacio". A 200 metros del bar aún limpiaban el rojo oscuro de la calle.
Muchos interpretaron esta escena como un síntoma más de la anormalidad con la que se mueven las cosas allí. "La sociedad vasca está enferma", dicen. Pues a uno le parece que eso es faltar a la verdad. Usted y yo no tenemos gripe por gusto. El dichoso virus nos ata a la cama contra nuestra voluntad. No hay acto doloso en ponerse enfermo, no depende de nosotros, no hay nada que reprochar a quien le sube la fiebre.
Cosa distinta es la conducta moral, que tiene poco que ver con virus y bacterias y mucho con el ejercicio de la voluntad. Salvo que uno abrace el cómodo relativismo, claro. Según esta corriente, las cosas están bien o mal según se miren, según el prisma de cada cual. Nadie debería sentirse mal porque sus actos deriven en consecuencias negativas. Si eso le ocurre alguna vez no se apure, será que está usted enfermo, desestructurado. Mirar para otro lado cuando matan a alguien, llamar accidentes a los atentados, poner a las calles nombres de terroristas, no serían conductas inmorales, sino síntomas evidentes de una epidemia.
Pero la verdad es como el agua, se cuela por cualquier rendija, y el hermano de Uria masculló delante de un micrófono: "Si hubiésemos sido... no sé qué... pero hemos estado toda la vida a rastras, a rastras. Hemos llegado hasta aquí y esto es lo que ha pasado".
La sociedad no está enferma. Está en decadencia o, si usted lo prefiere, trágicamente vacía.
Coches en las aceras de Teo
Una verja rota y peligrosa
Nevera enchufada a xestas
Basura acumulada en Arzúa