Domingo 16.11.2008
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Solvencia y galleguidad son el alfa y el omega de la política cajista de la casi totalidad de fuerzas políticas y sociales del país. El binomio se ha repetido hasta la saciedad en las declaraciones de todo tipo de portavoces, como si fuese el ábrete sésamo capaz de abrir las puertas del dilema. No hay duda de que es una fórmula concisa, sencilla y comprensible para la gente. ¿Pero van unidas una cosa y la otra? Es la propia conselleira del ramo quien lo pone en duda. La señora Fernández Currás, aprovechando que el presidente está de viaje, sale a la palestra para decirnos que hay opciones diferentes a la fusión que garantizan una mayor solvencia. En ese caso, la conjunción copulativa podría transformarse en disyuntiva. Solvencia o galleguidad. No es lo mismo. Lo cual nos llevaría a hacernos la pregunta de si es más gallega una solución con menos solvencia. Antes de responder a la cuestión, sería preciso aclarar que estamos hablando de entidades financieras y no de equipos de fútbol. Las primeras tienen clientes a los que mueve la rentabilidad de sus dineros; los segundos, socios y seguidores que actúan por el fervor hacia sus colores, aunque pierdan.
La prueba es que muchos gallegos operan con bancos y cajas que no son estrictamente gallegos. ¿Traidores? No. Simplemente buscan, comparan y cuando encuentran lo mejor, se van con él sin fijarse demasiado en la galleguidad. Su conducta se rige por pautas distintas a las que esos mismos individuos utilizan en el balompié, si son aficionados a este noble arte. Son del Dépor, del Celta o del Rácing, sencillamente por que son los clubes de casa. El concepto de galleguidad está claro en materia política, cultural o deportiva, pero es necesario precisarlo bien cuando se pasa al terreno económico. Es evidente, por ejemplo, que una industria automovilística con capital exclusivamente gallego, tendría mas galleguidad que Citroën, pero seguro que los sindicatos, incluida la CIG, no verían con agrado la apuesta. Citroën es solvente aunque no sea gallega. A efectos prácticos del empleo, la inversión, el cluster, que sea una multinacional ofrece más garantías que si fuese una empresa investida de enorme galleguidad. ¿No es importante esa virtud al referirnos a las cajas? Sin duda. Ocurre que la conselleira de Facenda introduce una duda en el debate que no es irrelevante. Si hay opciones no fusionistas que son más solventes, sería urgente aclarar a cuánto asciende el plus de solvencia. Ningún problema si el gap es inestimable, una minucia, porque en tal caso podría decirse que vale la pena renunciar a un poco de solvencia, a fin de mantener izada la bandera azul y blanca en una gran hucha. Si, por el contrario, las solvencias estuviesen muy alejadas, el famoso binomio que se está empleando como el mantra cajero, habría que verlo de manera diferente. Solvencia y galleguidad; solvencia o galleguidad. En consecuencia, junto a la auditoría que se empieza a elaborar y de la que esperamos que no sea clasificada top secret, habría que comparar cuidadosamente el importante apartado de las solvencias. Es la propia conselleira quien, con una sinceridad que le honra, obliga a plantearse la cuestión. En resumidas cuentas: ¿cuánta solvencia tendrían que sacrificar los ahorradores y empresas de Galicia, para que la solución de las cajas fuese gallega al cien por cien? La buena galleguidad ha de ser contante y sonante.

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