Domingo 07.02.2010
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La llamada de Zapatero en plan almuédano de la fe laica en territorio de creyentes ha causado agridulce impacto en nuestra reserva espiritual. No hay dicha completa. Les disparó la atrabilis que saliera airoso del envite y defendiera la validez de los grandes principios de la ética civil, como el derecho de las personas a la autonomía moral. Tuvo que oír de todo y aguantar que le escupieran en la cara la cita de la Biblia donde Yahveh manda a los suyos no explotar al asalariado extranjero, recordatorio molesto en un país de emigrantes que quiere enriquecerse chupándoles el sudor.
Pero Obama les endulzó el trago al negarle al agobiado coleguilla los minutos que necesitaba para intentar convencerlo de que su presencia en Madrid para el cierre de la presidencia española de la UE alumbraría el reinicio de la Historia. Nada podría agradar más a los europeístas de vitola que ver cómo el mandamás de mandamases le da una patada a la vieja Europa en las canillas de su bestia negra.
Castigo proporcionado a su pueril megalomanía de ofrecerse para llevar la voz cantante en el acercamiento a la Unión Europea de la Unión por antonomasia. Repitió el pecado de su desmesurado antecesor, también atacado del mal de las alturas.
Las movidas pintureras de nada valen, es la hora de las soluciones claras y viables. Un año menos en la Península, que apostillaría un ingenio ácrata.

¿Deixádeme ser libre? Sí, pero...
Mensaje a los cabestros: "Así, no"
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