Domingo 16.11.2008
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El presente curso académico marcará un antes y un después en la universidad española, merced a su incorporación al nuevo espacio europeo de educación superior. Un espíritu renovador, docente y discente, que identificamos con la Declaración de Bolonia del año 1999.
En esta bella e histórica ciudad italiana, los responsables políticos europeos acordaron un marco común en materia de educación superior y una fecha para acometer las reformas legislativas necesarias en cada uno de los países: el año 2010.
En España hemos hecho los deberes. Se podrá decir que los hicimos tarde, mal y a rastras. ¡Pero los hicimos! Ha sido una reforma que se ha realizado prácticamente a coste cero, teniendo que afrontar no sólo los déficits estructurales en muchas de nuestras universidades sino una inesperada crisis económica que ha mermado la posibilidad de financiar adecuadamente la calidad de esta renovación universitaria.
La universidades gallegas han esperado en vano el cumplimiento de las promesas del anterior gobierno de la Xunta de Galicia. No se ha comprendido a tiempo que apostar por la innovación, el desarrollo y la transferencia tecnológica de las universidades es clave para consolidar la economía productiva de un país moderno y con visión de futuro. ¿Lo hará el nuevo gobierno de la Xunta de Galicia? No lo sé. Mas de algo estoy seguro: un país que da la espalda a sus universidades llega siempre tarde a su cita con el porvenir.

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