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pensar por pensar

XOSÉ A. PEROZO

Se van los buques

08.10.2017 
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INTENTEMOS alejarnos del tópico y de los bombardeos interesados que sufrimos con la pretendida desconexión catalana. No tardaremos en comprobar que el proceso no tenía como meta real la independencia. La palabra, el concepto y la realidad generan miedos y temores en los propios independentistas, quienes no cuentan en sus filas con la poderosa burguesía catalana.

Han utilizado en vano la independencia aspirando a que fuera un torniquete de presión, de un poder frente a otro poder. De cacería de votos partidistas catalanes, frente a lo que representa el PP en el Estado español. Ahora vemos que cuanto estaba sobre la mesa, como una moneda de negociación (más autonomía, más poder económico, amnistía para la corrupción de CiU, nuevo estatuto federal...), lleva camino de convertirse en un proceso de destrucción del catalanismo tópico del siglo XIX.

Quizás estemos viviendo el 23F de los nacionalismos en la piel de Cataluña. Los golpes políticos, tanto si triunfan como si fracasan, siempre son determinantes y este también lo será. Después de la tejerada del 1-O y la consiguiente proyección mediática prevista, la "declaración unilateral" ha pasado a ser "declaración blanda" y petición de "apertura de diálogo" por parte de la Generalitat en el término de solo cuatro días. La Cataluña silenciosa, más de cinco millones de ciudadanos, que contemplaba el espectáculo con prevención y temor, ha empezado a levantar la voz para significar su presencia y "derecho a decidir" no nacionalista. La sensación de aislamiento dentro de España, de Europa y del mundo ha calado rápidamente en la ciudadanía, al contrario de lo que las algaradas callejeras pretendían.

Y por si todo esto no fuera suficiente, los buques insignias del verdadero prestigio y poder catalán han empezado a abandonar el puerto de amarre. Caixabank, Criteria, Banco Sabadell y Aguas de Barcelona se han marchado, para no perder las líneas de liquidez del BCE, ni la clientela del resto del Estado dentro de una nueva república anacrónica. Y, quién sabe, si cuajara la independencia, por el temor a una "nacionalización" de la banca, tan habitual en los procesos revolucionarios. Gas Natural, Abertis y otras empresas significativas también han puesto tierra de por medio. Mercadona y Freixenet tienen las maletas hechas. Planeta está en proceso de valoración y SEAT (Sociedad Española de Automóviles de Turismo) ya es alemana, pero puede dejar de invertir en el nuevo Estado catalán.

Todos estos son signos verdaderos del fracaso y de la soledad de Puigdemont, Junqueras y Forcadell. Han cometido demasiadas imprudencias políticas -fiados de la inoperancia y el temor del Gobierno central y de su propia capacidad de movilización independentista-, para que alcanzar sus objetivos se hiciera realidad. El golpe ha fracasado, dialogar con los responsables, como se viene predicando por doquier, sería ofrecerles un salvavidas para salir del mar que ellos mismos han agitado.

Si el martes proclamaran la república catalana, no debe de haber otra alternativa que la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la convocatoria de elecciones autonómicas. Sin más miedos ni paños calientes frente al chantaje.

Periodista