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Políticas de Babel

JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

La visión de Europa del Este

16.04.2018 
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EL tiempo avanza, pero los problemas que nos afectan a todos continúan ahí, esperando que un golpe de fortuna o un compromiso común les pongan fin. La propia Unión Europea sigue constituyendo un objetivo tan ambicioso como inacabado. Es en materia de ciudadanía, equilibrio, solidaridad, seguridad y pertenencia, donde residen las tareas pendientes. Incluso en el ámbito monetario, de la economía y del libre mercado laboral, semeja que queda labor por hacer. Así lo evidenció el modo asimétrico en que la Alianza respondió a la crisis económica y financiera.

Estos errores, por no decir egoísmos e intereses creados, constituyen el germen que propicia, a modo de virus sociales, bacterias ideológicas, hongos políticos y protozoos de liderazgo, toxinas que, pese a su apariencia proteínica, infectan, devoran y aniquilan, cual veneno, los pilares de la UE. Hablamos de populismos nacionalistas, rupturistas, eurófobos o euroescépticos que, desde la derecha extrema, o desde la izquierda radical, erosionan los cimientos de nuestro hogar compartido.

Pero lo más desconcertante en ver cómo nuestros líderes políticos y de opinión malgastan sus energías en denunciar el proteccionismo que abanderan nuestros socios del Este; países que incluso hoy luchan (quizá de manera abrupta y un tanto rebelde) por olvidar su pasado de opresión, miseria y sufrimiento. De ahí la actitud subversiva (incluso insolidaria) del grupo de Visegrado que conforman Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría. Mateusz Morawiecki, Andrej Babiš, Peter Pellegrini y Viktor Orbán, pese al abanico ideológico a derecha e izquierda que representan, comparten objetivos alineados a los Tratados y principios fundacionales de la UE.

El húngaro Orbán llena estos días portadas y titulares por su tercera mayoría en las elecciones del 8 de abril. Y mientras la prensa resalta sus recelos frente a la UE, y destaca su perfil nacionalista y conservador, el primer ministro húngaro, que ha creado casi 800.000 puestos de trabajo, y logrado un crecimiento del 4% y un aumento salarial del 14%, sólo recibe críticas por su liderazgo en el Fidesz contra la política migratoria y de refugiados, por su defensa de la tradición cristiana europea, y por su priorización de los intereses nacionales (pese a tener enfrente el auge del partido ultraderechista Jobbik).

Como ya señalé, antes de prejuzgar el voto de nuestros hermanos orientales, debemos saber, tanto aceptar los Tratados Internacionales (los de la UE incluidos) que obligan a acoger refugiados, y los que hablan de "vigilar las fronteras, afianzar la seguridad de los países a través de sus líneas divisorias, y velar por la integridad de los territorios" (Derecho Comunitario e Internacional), como comprender una gestión de los foráneos que, dado el pasado y el crecimiento tardío del Este europeo, les resulta "anómalo socialmente e inoportuno económicamente".

www.josemanuelestevezsaa.com