El Correo Gallego

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EDITORIAL

Aeropuertos: lo que la verdad esconde

14.01.2018 
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PODEMOS PRESUMIR en Santiago y Galicia de un buen aeropuerto, una digna puerta de entrada, que cerró 2017 con un récord de casi 2,7 millones de pasajeros, su mejor marca histórica. Pero es éste un éxito agridulce, por no decir tramposo. Lavacolla es una terminal moderna que se tiene que conformar con poco más de la mitad del tráfico para el que fue concebida, y lo peor es que quizás no alcancemos jamás esos cuatro millones de viajeros anuales que el aeropuerto central puede gestionar sin agobios. ¿Qué lo impide?: la entrada en funcionamiento del AVE en el horizonte ya cercano de 2020, la competencia demoledora de Oporto -mientras aquí sacamos pecho con minúsculos éxitos, allí hacen peto con un récord de verdad: más de diez millones de pasajeros, que doblan holgadamente el tráfico global de las tres terminales gallegas- y, sobre todo, una política aeroportuaria errática y cortoplacista, cuando no panchovillista. Si somos capaces de aislarnos de la agit-prop y del ruido de clarines y fanfarrias, veremos que los balances de Peinador, Alvedro y Lavacolla no resisten una comparación seria y rigurosa con los de Sa Carneiro. Si nos enfrentamos a la realidad pura y dura con los ojos de la verdad verdadera, no nos costará descubrir que el crecimiento de la terminal viguesa se alimenta de las generosas ayudas que el alcalde Abel Caballero y la presidenta Carmela Silva inyectan -con el aplauso social, admitámoslo- en las compañías que se instalan en Peinador. Tres cuartos de lo mismo ocurre en Alvedro y Lavacolla. En pocas palabras, si ensayamos el sano ejercicio de despojarnos de tóxicos triunfalismos localistas y hacemos as contas da vella, quizás comprobemos que el peaje en la sombra regado con el dinero público convierte los vuelos desde Galicia en los más caros; eso sí, pagados a escote por todos los ciudadanos. Por no hablar de la calidad, con horarios de embarque imposibles y trasvases desesperantes. Así (de mal) están las cosas, y poca solución tendrá el caos aeroportuario mientras la UE no prohiba las subvenciones ocultas a las compañías, y mientras Gobierno central y Xunta no se atrevan a apostar por un único aeropuerto para Galicia, un país con menos de la mitad de población que Madrid. Entretanto, iremos de récord en récord hasta la ruina final. A mayor gloria de Oporto.