Domingo 21.03.2010
| Actualizado 11.51
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A una semana de las votaciones hay que felicitarse porque, a diferencia de otras latitudes, la campaña discurre en Galicia con notables dosis de normalidad. Alguien podrá decir que con indiferencia e incredulidad, lo cual también es cierto. Pero esta actitud no deja de ser muestra de madurez al saber distanciarse del fragor empleado por los candidatos. Acostumbrados a que las campañas sean permanentes, no se percibe estos días un mayor nivel de crispación política que en otras épocas. Hay que agradecer a nuestros políticos este grado de mesura, sentidiño gallego, y pedirles que continúen por la misma senda. Actitudes despreciables como las empleadas por un candidato socialista en Madrid son inadmisibles. La vida privada de las personas, siempre que no afecte a su función pública, es sagrada. Por fortuna, en Galicia no se han producido casos tan indignos
Confrontar, que es diferente a enfrentar, es saludable. Debatir, cotejar, comparar propuestas, programas y candidatos es lo que se pide en una campaña electoral. Se admite hacerlo con pasión, con fuerza pero respetando al adversario, que en ningún momento ha de tomarse como enemigo contra el que hay que emplear golpes bajos, insultos o maledicencias. La encuesta realizada por Anova Multiconsulting que hoy publica este periódico viene a ratificar este clima de serenidad. Más allá de los datos concretos, reflejo de un estado de opinión y de las respuestas obtenidas tras un exhaustivo trabajo (la mejor encuesta es siempre el veredicto de las urnas), la enseñanza que puede extraerse va en este sentido: vivimos en un país maduro, estable en lo social y lo político, con dos opciones en sana alternancia: una de centro derecha y otra de centro izquierda a la que hay que sumar un nacionalismo asentado. Es el modelo político que impera en Europa, en el mundo democrático. Mantengamos e impulsemos estos valores el próximo domingo 27.
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