Domingo 29.03.2009
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Un comentario recurrente al comienzo de cualquier campaña es aludir a su escaso influjo en los resultados. La campaña sería una especie de fiesta obligatoria y reglada en la que los partidos exhiben sus ideas, con la secreta convicción de que el voto está decidido de antemano. En esta ocasión no es así. La única certidumbre es que no hay certeza ninguna. La igualdad no sólo se palpa en las encuestas, sino también en la calle, de tal forma que lo que se haga en estos días tendrá una indudable influencia. La franja de electorado que podrá dar el último impulso a unos y otros estará pendiente de los aciertos y errores de unos candidatos cuya actuación será decisiva. Lo cual debiera de haber llevado a los estados mayores partidarios a ser mas generosos con los debates. En España y en Galicia (en este caso con la excepción del BNG) se han seguido criterios cicateros que sólo pueden explicarse por el temor al ciudadano. En todo caso, se abre una campaña inédita: lo que suceda será crucial.
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