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EDITORIAL

Cataluña, entre un títere y un 'aprovechategui'

18.05.2018 
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ES DIFÍCIL HACERLO PEOR. Retratan el lamentable estado de la cuestión catalana una toma de posesión que duró tres minutos y medio, un president luciendo el lazo amarillo de los hooligans soberanistas y la ausencia del Gobierno de España en el acto. La guinda la puso Quim Torra con un discurso en el que no hizo la más mínima mención al rey ni a la Constitución, en un escenario del que hicieron desaparecer la bandera española. Lo dicho, es difícil hacerlo peor. Más que empoderarse en un acto protocolario festivo, lo que el independentismo perpetró ayer fue un triste funeral ante una escasa docena de asistentes, sin rastro de la sociedad civil catalana. Manejado por Carles Puigdemont, Quim Torra transmitió una imagen brutal de aislamiento que choca con estruendo con sus forzadas e increíbles promesas de que gobernará para todos; transmitió una descomunal provisionalidad. Con las instituciones degradadas y seriamente deterioradas, con la convivencia entre los catalanes quebrada lastimosamente y con un president encantado con su rol de marioneta, Cataluña va camino del naufragio en su tormenta perfecta. En este escenario indeseable, casi la única buena noticia es la sintonía de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez -más vale tarde...- para fiscalizar las ocurrencias de un personaje que desprende un insoportable tufillo supremacista y xenófobo, y para no pasarle ni una. La mala, que Albert Rivera se ha dejado atrapar por los cantos de sirena de las encuestas que aúpan a Ciudadanos como primera fuerza. Ebrio de un poder que toca con las yemas de los dedos, envida ahora al inquilino de La Moncloa con un amargo trágala que don Mariano no puede digerir: apoyará la hoja de ruta del Gobierno en Cataluña solo si reactiva de inmediato el artículo 155 de la Carta Magna. Lo que hace el líder de C's es confirmar la fama de aprovechategui que le colgó Rajoy y, lo peor, resquebrajar el frente constitucionalista. Poner por delante del interés general sus cálculos electorales no es la mejor decisión que puede tomar Rivera. Al inaceptable desafío secesionista y al president-títere de Puigdemont hay que hacerles frente unidos, porque no es tiempo de fisuras ni de partidismos ventajistas. Pero don Albert no quiere darse por enterado.