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Opinión » La Quinta
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EDITORIAL

Cidade da Cultura, símbolo de una Galicia nueva

12.01.2011 
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RETO La inauguración, ayer, de los dos primeros edificios de la Cidade da Cultura representa un hito para Santiago, pero también para Galicia, ya que lo que se abría no es sino el más ambicioso proyecto colectivo que esta comunidad acomete en siglos.

El apoyo de la Casa Real, siempre tan sensible a los afanes de esta tierra, en la persona del Príncipe heredero y de su esposa suponen un decisivo aval de futuro en el caminar que ahora inicia la singular obra de Peter Einseman.

La obra es, como acertadamente recordó don Felipe, un símbolo de la Galicia pródiga en hospitalidad, generosidad y vitalidad, además de suponer un principalísimo activo para el patrimonio cultural de España, y también, con el presidente Feijoo, el tesón y el empeño de las tres fuerzas políticas que nos representan en las instituciones, ya que todos ellos, de Fraga a Touriño, del PP a PSOE y BNG, hicieron suyo el proyecto que ahora continúa el Gobierno de Núñez Feijóo.

El proyecto desde su más trascendente significación es heredero de los más ilusionados sueños de los ilustres escritores cuyas obras allí se cobijan y se proyecta hacia el futuro de la mano de esa decidida apuesta por lo digital y abierta a los nuevos conocimientos de la ciencia y las humanidades, encardinándose en la concepción abierta de nuestra propia identidad.

Pero conviene no olvidar que aún en su magnificencia, la Cidade da Cultura no es más que una herramienta nueva que debe hacer posible esa economía del conocimiento por la que abogaba el Príncipe, como expresión de un espacio concebido para alentar la creatividad y el desarrollo intelectural. Y esa es la tarea que resta, el reto pendiente. Y acaso un buen camino, un referente ineludible, sean los paralelismos apuntados ayer entre Ciudad y Universidad, que hizo don Felipe, y entre la obra de Einseman y la Basílica, que mentó Feijóo, congratulándose por la coincidencia de aniversario de ambas realidades, ochocientos años de por medio.

La interpretación del himno gallego nos acercó la versión completa del poema de Pondal, incluida la que recuerda que "sóo os iñorantes, e féridos e duros, imbéciles e escuros non nos entenden, non". Imposible eludir la triste evocación de quienes, esa misma mañana, y desde un simplista egocentrismo seguían arremetiendo contra cuanto excede de su raquítica perspectiva localista, aludiendo a supuestos errores de dispendio. Lástima que el excesivo apego a intereses propios les impida compartir el final de ese mismo canto que recuerda que "donde quer xigante a nosa voz pregoa", también con la Cidade da Cultura, la excelente Nazón de Breogán.

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