Domingo 16.11.2008
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Demasiados frentes abiertos tiene Núñez Feijóo para poder gobernar con sosiego este país en tiempos de recesión. Hay cuatro ejemplos significativos. Un Xacobeo nacido en medio de la polémica que no acaba de funcionar; el proceso de fusión de las caixas que no gusta; la sucesión de José Luis Baltar en Ourense que amenaza la paz en su partido y, sobre todo, el conflicto sobre el futuro del idioma gallego. Esa cordialidad lingüística entre los ciudadanos, a la que tanto alude el presidente, puede saltar por los aires con una oposición en las calles cada vez más activa y organizada. El informe de la Academia Galega es demoledor contra el borrador de Educación y da alas a los convocantes de la huelga del próximo jueves. Puede ser cierto el argumento de Feijóo: el 1-M la mayoría de ciudadanos votó por el cambio del decreto. Pero no se corresponde con la verdad absoluta: una buena parte (casi la mitad de los que fueron a las urnas) de los gallegos defiende, con uñas y dientes, nuestra lengua. Recuperar la cordialidad es obligación del presidente. Porque ahora parece perdida.

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