Lunes 08.03.2010
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Cualquier viaje de un político gallego, sea del signo que sea, a Sudamérica acaba con un contacto con los representantes de la emigración en el que se habla del manido tema del voto en urna. Puede parecer increíble pero, en plena era de la globalización y con los avances tecnológicos en cada rincón del planeta, nuestros emigrantes aún no pueden ejercer un derecho fundamental, el de elegir a sus representantes, con todas las garantías democráticas. Hay una reforma pendiente que nadie parece querer acometer ante la sorpresa de los ciudadanos. Núñez Feijóo, como sus antecesores, pidió que se acometan los cambios necesarios. Él mejor que nadie sabe lo que significa el actual sistema, ya que perdió en la emigración uno de los 39 escaños que había conseguido en Galicia. Pero luego, de vuelta a España, se ralentizan todos los procesos abiertos y a su partido, al PP, le interesa más desgastar al Gobierno que buscar apoyos parlamentarios para modificar la Ley Electoral. Por eso en el 2012 se reproducirá el problema. Y algunos se lamentarán.

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