El Correo Gallego

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Doctrina Hernández para un nuevo tiempo

09.07.2014 
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ÉL ES EL PRIMERO que sabe de las dificultades que tendrá que sortear en este año escaso como alcalde de Santiago. Llega Agustín Hernández a Raxoi en las peores condiciones y con las mejores intenciones. En las peores condiciones, porque los escándalos de corrupción y una decisión judicial sorprendente, que provocó la dimisión de siete concejales populares, han empantanado la vida municipal en el territorio del sobresalto y han socavado la imagen de Compostela. Con las mejores intenciones, porque el nuevo regidor quiere recuperar la normalidad desde el diálogo, la cooperación y la cercanía a los vecinos. La oposición ha recibido a Hernández en la trinchera y armada hasta los dientes. El socialista Paco Reyes y el nacionalista Rubén Cela no se salieron del guión y criticaron con dureza –los ediles del BNG incluso se ausentaron del pleno cuando tomaron posesión los no electos– la anomalía de que en el grupo de gobierno sean mayoría los que no pasaron por las urnas. Sabemos que esta circunstancia, tan excepcional cuan legal, no es del agrado del nuevo alcalde, pero esto no debe empañar la realidad de que Hernández va a gobernar con el apoyo de un equipo que ha pasado la prueba del algodón de la Junta Electoral Central. Harían mal PSdeG y Bloque en empecinarse y construir su estrategia de oposición sobre este hecho. Sin los cien días de gracia típicos, don Agustín y los suyos tendrán que comenzar a gestionar ya, tendrán que escenificar ya esa deseada normalidad, tendrán que convencer a los sufridos compostelanos de que la ciudad tiene futuro, tendrán que defender con uñas y dientes –y con inteligencia– las dos grandes infraestructuras: Lavacolla y el AVE. En un discurso conciso, sereno y claro, el flamante regidor ha explicitado las líneas maestras de su hoja de ruta, que se asienta en su compromiso de contar con todos para lograr que Compostela recupere la normalidad. Quiere conseguirlo con una acción de gobierno abierta, participativa y transparente en la gestión; con eficiencia, lealtad y ejemplaridad; sin localismos estériles y asumiendo las responsabilidades, para lo bueno y para lo malo. Es la doctrina Hernández para edificar un nuevo tiempo en la capital de Galicia, un tiempo mejor, en el que todos deberíamos involucrarnos, porque a todos beneficiará. ¡Mucha suerte, señor alcalde!