Domingo 16.11.2008
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DEBILITADA EL MÁXIMO, la organización terrorista ETA necesitaba un golpe de propaganda para recuperar protagonismo, sobre todo en el ámbito internacional. Así se desprende del anuncio de cesar en sus "acciones armadas ofensivas" a través de la BBC y no de medios españoles como acostumbraba. En parte, lo consiguió, aunque también se vio con la respuesta mayoritaria de los demócratas en el sentido de no tomar en serio tal comunicado, conminando a los etarras a que simple y llanamente dejen las armas. Acosada por las Fuerzas de Seguridad y con serios problemas internos, la organización criminal pretende resistir haciéndose oír. No es la primera vez. Ya lo intentó en una decena larga de ocasiones en sus cincuenta años de triste y negra existencia. El resultado final siempre fue el mismo: ganar tiempo para tratar de reorganizarse para cometer atentados. Una de las armas más eficaces contra los terroristas fue la Ley de Partidos, que les expulsó de las instituciones de gobierno. Este sería pues el segundo objetivo de la banda: volver a ocupar órganos de poder que les alivie del difícil estado en que se encuentra. Para ello, la izquierda nacionalista radical pretende participar en las próximas elecciones locales, la última tabla de salvación del independentismo violento. Se trata de recuperar cotas de poder y al mismo tiempo obtener recursos para financiarse. El Estado democrático está ganando la batalla contra ETA. Es algo que se percibe en el ambiente, con datos tan elocuentes como que el terrorismo dejó de ser una de las primeras preocupaciones de los ciudadanos, según las encuestas del CIS.
Galicia sufrió esta lacra de forma destacada. Además de las numerosas víctimas, la banda actuó varias veces en nuestra tierra, desde el intento de secuestro de Gómez Franqueira a principios de los 80 al también frustrado de Fraga en 2001. Asimismo, en varias ocasiones perpetró atentados, los últimos en el anterior Xacobeo con la intención de perjudicarnos. Cualquier noticia sobre cese de violencia es positiva, pero dadas las formas en que esta se produce y la indefinición del contenido, carece de credibilidad. El Gobierno y los partidos no deben caer en la trampa de tomar en serio el anuncio. La actitud de ayer, minimizándolo, es la acertada. ETA no tiene otra salida que desaparecer y el entorno que le apoya, si quiere participar en política y los presos acogerse a medidas de gracia, han de forzarla a ello. Mientras tanto, la sociedad debe estar más unida que nunca para que su final se precipite, y dejar a jueces y policías que hagan su trabajo con la eficacia que están demostrando.

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