Domingo 16.11.2008
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Cuando se construyó el casco histórico de Santiago la única circulación rodada que existía era la de los carros, que tampoco consta que provocaran muchos atascos en la época. Siglos después, con la aparición del automóvil, tiempos hubo en los que la práctica totalidad de la zona estaba abierta al tráfico e incluso al aparcamiento, y todavía hay quien recuerda las monumentales caravanas que se montaban en las rúas. Hoy en día, con la presencia de miles de visitantes, no queda más remedio que proceder a darle la primacía a los peatones y restringir la entrada de vehículos dejando pasar sólo a los imprescindibles para garantizar el abastecimiento y los casos de fuerza mayor. Está claro que es imposible combinar el creciente uso del vehículo con la presencia masiva de peatones y la preservación del patrimonio histórico. Limitar la circulación al máximo puede provocar molestias, pero es la única solución racional que queda.

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