Domingo 12.02.2012
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No hay semana -y casi ni un solo día- en que hablar de Costa da Morte no sea constatar la evidencia de una repetida carencia, un prolongado abandono o una consentida negligencia en servicios que llamamos públicos y que, por ello mismo, son indispensables para un adecuado progreso social. Si ayer eran las caídas de tensión en Carnota; anteayer, el peligro de derrumbe de un pabellón, y antes, el funcionamiento de la TDT, hoy es el reiterado incumplimiento de una empresa de transporte público en la atención de los servicios que tiene concedidos. ¿Están empeñados los poderes públicos en probar el límite de la paciencia de los ciudadanos?

¿Deixádeme ser libre? Sí, pero...
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