Sábado 27.12.2008
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Opinión » La Quinta
La lista de proyectos admitidos a trámite en el concurso eólico es el mejor desmentido a quienes se empeñaron en ensombrecerlo. Las principales entidades financieras del país figuran junto a empresas del sector lácteo y conservero, y al lado de constructoras de contrastado arraigo en Galicia. La maraña de insinuaciones, sospechas y mentiras descaradas con las que se quiso frustrar el plan se deshace, dejando en evidencia a los que jugaron a destruir una ilusión: la de poner una materia prima energética al servicio de los intereses gallegos. Porque, tal y como fue concebido el concurso por la Consellería de Innovación, se trata de una adjudicación en un doble sentido. Las firmas beneficiarias explotarán los megavatios (MW), pero a cambio darán participación a la Administración y pondrán en marcha ambiciosos planes industriales. Puede decirse, en consecuencia, que toda Galicia va a recibir una parte de los beneficios, algo que no sucedió con la energía hidroeléctrica, ni con las anteriores concesiones eólicas. Quizá fuera ésa la razón de las enconadas campañas que está sufriendo el plan. La única irregularidad en la que han incurrido los miembros de la mesa encargada de evaluar los proyectos presentados es no haber aceptado presiones y privilegios que antes eran regulares. Ese cambio, que figura en la declaración de principios de la mayoría de Gobierno nacida hace cuatro años, se hace muy visible en el plan eólico. En torno a los MW se consolida una nueva clase empresarial que acepta sin reparos que una adjudicación tan importante debe llevar aparejadas contrapartidas para el conjunto del país. Gracias a los megavatios, se fortalece además una entente entre el nacionalismo y el empresario gallego, habitual en otras comunidades, pero todavía incipiente en Galicia. Muchos son los beneficiarios directos e indirectos del concurso. Frente a ellos, quienes se empeñaron en dinamitarlo han evidenciado, sin querer, que otra faceta de ese cambio es que para tener influencia se requiere tener razón y capacidad para argumentarla. Es lo que los gallegos se merecen.

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