Domingo 16.11.2008
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Un reducido grupo de antidemócratas ha tratado violentamente de impedir una manifestación pacífica en Santiago. Sólo desde un pensamiento totalitario se puede actuar así. Galicia Bilingüe convocó un acto de protesta por una causa tan legítima como la de quienes defienden lo opuesto. Esta organización considera que el castellano está discriminado en determinados ámbitos, sobre todo en la enseñanza, con respecto al gallego. Tengan o no razón, quienes así piensan tienen todo el derecho del mundo a defender sus creencias en libertad y a que se respete esta forma de expresarlas, igual que lo hacen las organizaciones que estiman lo contrario y que, también pacíficamente, salen a la calle para defender un mayor uso del gallego.
La kale borroka que ayer se vivió en la capital de Galicia, con cristales rotos y destrozos por todas partes, recordaba modos de actuación nazi, incompatibles con la forma de ser de los gallegos y la ley. Además de atentar contra el más elemental derecho de manifestación y expresión, conculcando libertades individuales y colectivas, los radicales hicieron añicos mobiliario urbano y mantuvieron en jaque a las fuerzas del orden, únicas que no se enteraron hasta ayer de lo que se tramaba en Compostela. Una vez más (recuérdese el 24 de julio) los radicales le ganan la partida a la Policía. Desmuestran los pseudoguerrilleros escasa inteligencia al creer que con amenazas y agresiones van a conseguir sus fines. Al contrario, amplifican y legitiman las iniciativas de Galicia Bilingüe, e incluso pueden generar una corriente de simpatía hacia la organización y lo que promueve. Flaco favor se le hace al gallego utilizando la violencia. Sólo los tontos útiles, enemigos de Galicia, pueden actuar de esta forma.

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