Domingo 21.03.2010
| Actualizado 13.01
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Lo bueno de la lotería es que sus decepciones nunca son definitivas. Decepcionante ha sido el bombo para los gallegos que esperaban que el azar contrapesara un poco la crisis. Madrid se lleva el gordo y deja sólo unas migajas, pero, como decimos, la lógica frustración solo durará hasta el próximo sorteo. Las crónicas de uno de los días clave del año nos cuentan que nuestros paisanos recibieron con buen humor el veredicto de la diosa Fortuna. Es lo bueno del sorteo, donde la felicidad de los agraciados no implica la amargura de los demás. La alegría reinó por todas partes, por más que la expectación diera paso al chasco. Otra vez será. Por ahora, la crisis habrá que afrontarla sin el plus de la lotería, con las recetas clásicas para estas situaciones: ahorro, reducción de gastos y muchos menos excesos que en otros tiempos. Queda el consuelo de que la frustración no es definitiva. Habrá más oportunidades, y los gallegos seguiremos fieles a nuestra forma de ser, no siendo excesivos cuando se gana ni depresivos al perder.
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