Martes 10.02.2009
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El Consello celebrado ayer continuó con la cura de adelgazamiento en la estructura de la Xunta. Las promesas realizadas en la campaña y en la sesión de investidura se ponen en práctica. Dos consideraciones se pueden hacer al hilo de esta dieta rigurosa impuesta por Feijóo. La primera es que desmiente a quienes aseguraban que los recortes eran imposibles, o tan solo un anuncio populista que se iría disolviendo en la cruda realidad. Al menos por el momento, no es así. La segunda reflexión es más profunda. Si se demuestra a partir de ahora que la Xunta funciona con normalidad, que ningún servicio se resiente, que los ciudadanos tienen una atención similar, ¿qué hacían antes los altos cargos sobrantes? Alguien tendría que responder esta pregunta tan lógica. El contribuyente que ha soportado una gordura administrativa que se demuestra prescindible, tiene derecho a saber el por qué de tanto cargo superfluo. Quizá la explicación es que muchos de ellos no eran fruto de la necesidad pública, sino de otra de tipo privado.

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